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El 2012 en pocas palabras
Editorial
Año de escasos avances en un camino minado
Miguel Ángel Méndez Zetina Director Editorial

Cierra este año con pocas variantes respecto del panorama, la rutina, las preocupaciones y las expectativas que han acompañado al país durante el último cuarto de siglo.

Nada evoluciona en el plano positivo de manera consistente, y en cambio se acrecientan la confrontación y la polarización social, el refinamiento de los políticos y la burocracia para defraudar el erario o burlar la ley, además de la notable escalada de crueldad del hampa.

Como sociedad, emulamos al mítico Sísifo en cuanto a la reiterada creencia de que con los relevos en el Gobierno, cargados de promesas y optimismo, estamos a punto de alcanzar la cima, pero al poco tiempo la pesada carga de todas nuestras lacras se desliza cuesta abajo en un círculo absurdo en el cual pareciera que las fuerzas del Hades están confabuladas contra la Patria.

Lastres terriblemente arraigados impiden el avance del barco, por más que cada cuatro años haya cambio de timonel y que estos lleguen investidos de buenas intenciones. Pesan demasiado las anclas de la impunidad, la corrupción, la desconfianza, la desidia, la confrontación y la exclusión como para que sean movidas por voluntades que pronto bajan la guardia y se sumergen en la indiferencia.

Por esa barrera inexpugnable, un presidente de la década de 1970 abjuraba de quienes tienen salida de caballo andaluz y llegada de macho calero. O, en palabras de Ricardo Arjona, “caudillo, tatúate en la piel lo que prometas, que el tiempo puede hacerte un mercenario y ser tan solo otro falso profeta”.

El emblemático 2012 ha sido abundante en angustias cuasiapocalípticas. La naturaleza mantuvo su ritmo de embestidas por medio de sismos, grietas, inundaciones y erupciones volcánicas que dejaron luto y destrucción, pero no menos cataclísmicos resultan los manotazos que asestan de manera continua las malas decisiones políticas o las agresionpxs delictivas.

La criminalidad enlista tanto a los transgresores que extorsionan, secuestran, violan o matan, como a aquellos de cuello blanco incrustados en esferas de poder formal o fáctico, como pueden ser el Legislativo, judicaturas o ministerios, así como en la iniciativa privada, donde cobra arraigo el soborno para la obtención de privilegios, contratos o leyes casuísticas.

Pero los enemigos de la civilidad también se agazapan detrás de banderas ecologistas o patrióticas que parecen genuinas, aunque su fin último sea atizar hogueras para mantener enfrentados a los guatemaltecos, porque el fruto de esa hostilidad, que en este año cobró la vida de varios compatriotas, constituye su medio de vida, merced al generoso patrocinio de ciertos países que así distraen la atención mundial de las peores infamias que ellos cometen contra la naturaleza o los derechos humanos. En medio de esos nubarrones refulgen el legado de quienes fallecieron este año y los logros de aquellas personas que en medio de la adversidad han honrado al país con sus esfuerzos y triunfos.

¿Es este un introito demasiado pesimista? Puede serlo. Pero la Prensa no inventa escenarios, solo los describe. Nuevamente se perdió la brújula, y cuando no se tiene claro el destino, no importa el camino. Total, todos llevan a la nada.