Guillermina
Herrera Peña
Promotora de
una sociedad
ilustrada
Con la fuerza de sus
letras, esta académica ha
luchado en favor de la
equidad de género
y contra el racismo.

“El lenguaje es
un rasgo básico
de la identidad
humana”.
Por ROBERTO VILLALOBOS VIATO
Foto ERLIE CASTILLO
Amable, risueña y de mirada luminosa. Conversadora y excelente oyente. Mujer culta, pero que no hace alarde de ello. Mas bien, Julia Guillermina Herrera Peña muestra una enorme sencillez. Nacida en la Ciudad de Guatemala el 4 de octubre de 1945, es una de las lingüistas más destacadas del país. “Sobre todo, soy humanista”, dice.
Entre sus estudios figuran una licenciatura en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar (1971) y, más tarde, otra en la Universidad Suny Buffalo de Nueva York, con la prestigiosa beca Fullbright Laspau.
Herrera Peña es autora de las obras Viviendo el sueño de Pigmalión. Historias de racismo en Guatemala (2011) —donde expone este problema social que históricamente ha afectado al país—, y Lola romántica, publicada ese mismo año y que es una biografía de Dolores Montenegro, una poeta nacida en la conservadora Guatemala del siglo XIX.
Ha trabajado, además, en proyectos para una educación intercultural bilingüe y en investigación y promoción de las lenguas mayas, así como a favor de la igualdad de género y contra el racismo y la discriminación.
Como catedrática ha pasado por las aulas de las Universidades de San Carlos, Rafael Landívar (URL) y la Autónoma de Madrid.
Con su característica cortesía y reverencia oriental —saluda con las palmas de las manos juntas a la altura del pecho—, nos recibe en su apacible hogar para conversar acerca de su vida académica, de su labor en los sectores indígenas y de la marginación que ha sufrido la mujer guatemalteca.
Usted fue la primera mujer en ocupar el más alto cargo de una universidad guatemalteca.
Sí. Me eligieron rectora de la Universidad Rafael Landívar para el período 2004-2009. En ese momento no sabía que yo era la primera mujer con ese cargo, pues me crié en un ambiente donde no había distinción entre hombres y mujeres. Antes de eso, en esa misma institución fui catedrática e investigadora por más de tres décadas, aunque por un tiempo también ejercí en varias funciones administrativas.
En su trayectoria destaca su lucha por la equidad de género.
Falta mucho para hacer valer los derechos de la mujer. El otro día leí que en nuestro país tres de cada siete mujeres han sufrido algún tipo de discriminación o violencia a lo largo de su vida.
Guatemala tiene nombre femenino, entonces tenemos que trabajar para crear espacios donde las mujeres sean respetadas y dignificadas. En los últimos años ha habido avances, pero aún queda mucho por hacer.
Incluso, la historia ha reducido o invisibilizado la importancia de la mujer en la sociedad.
Claro. Por eso me fascinó encontrarme con la vida de Dolores Montenegro, la Lola romántica (1856-1933), de quien escribí una biografía, publicada en el 2011. Ella era una poeta guatemalteca adscrita a la corriente del romanticismo y que destacó por ser una de las mujeres que aportaron a la construcción de la República.
¿Por qué?
Porque no encajaba en el concepto de “mujer virtuosa” de su época; no era el “ángel” que consagraba su vida a los quehaceres del hogar —como atender a su esposo y estar atenta a los hijos— y que debía evitar estar en la esfera pública. Montenegro, en cambio, tuvo muchos fracasos amorosos. Con su poesía manifestó su rebeldía, pues no compartía esos mitos sociales que hacían prisionera a la mujer. Ella denunció los envilecimientos que sumían al país en la amargura.
Usted, como lingüista y como escritora de varios libros, ¿qué proyectos ha emprendido para promover la educación?
Primero, le digo que con el dominio del lenguaje se desarrolla el pensamiento y permite comunicar sensaciones y emociones. Una sociedad ilustrada es la que cultiva la lengua, por eso la promuevo.
En cuanto a su pregunta, colaboré en la elaboración de los atlas lingüísticos de Hispanoamérica, que muestran las variantes del español. En tanto, en Guatemala me di cuenta de que había poco conocimiento de los idiomas mayas, por lo que empecé a investigarlos. Asimismo, he diseñado proyectos para una educación intercultural bilingüe.
En la URL, en 1986, fundé el Instituto de Lingüística e Interculturalidad, el cual desarrolla propuestas para mejorar la educación en los diversos niveles del sistema educativo nacional. En mi época de rectora también se fundó el Instituto Tecnológico, el cual tiene instalaciones de vanguardia.
También he visto con satisfacción que, poco a poco, se han abierto más espacios universitarios para el sector indígena. Se percibe bastante en la sede landivariana de Quetzaltenango, aunque su participación cada vez se incrementa en las diferentes regiones del país, incluso en el campus de la capital.
¿En qué idioma deberían impartirse las clases en el ciclo primario en el país?
Debería ser bilingüe para los pueblos mayas. Las clases tendrían el español como segundo idioma.
¿Hay capacidad del Estado para ejecutar esa propuesta?
Se han hecho esfuerzos. En las escuelas normales, por ejemplo, preparan a decenas de maestros. Esto, sin embargo, aún no es suficiente.
¿Cuál es la situación actual de las lenguas mayas?
Están en serio peligro de extinción. Uno de los fenómenos que más afecta es la constante migración de guatemaltecos a otros países. Hay un debilitamiento del diálogo intergeneracional. Por ejemplo, los abuelos talvez hablan el idioma maya, pero los nietos ya no, pues la generación intermedia vive en Estados Unidos. Por eso es vital que se les impulse, pues las influencias extranjeras contribuyen a acelerar la pérdida de esas lenguas.
¿Qué le dejó el haber trabajado con las comunidades indígenas?
Enamorarme del mundo maya. Me di cuenta, además, de que en Guatemala hay mucho racismo y discriminación. Por ello también empecé a trabajar en el tema de derechos humanos. El año pasado publiqué el libro Viviendo el sueño de Pigmalión, el cual tiene tres historias de la vida real que exponen las dinámicas del racismo y discriminación étnica existentes en el país.
¿Cree que ha habido avances en este tema?
Sí, pero no lo que se quisiera. El racismo y la discriminación es un fracaso de las relaciones humanas, lo cual se soluciona con la educación y la justicia. Aquellos que son agredidos deben tener el valor para poner una denuncia ante las autoridades, y seguir todo el proceso.
Como antecedente está el caso presentado por Rigoberta Menchú, quien, en el 2003 fue agredida verbalmente por simpatizantes del Frente Republicano Guatemalteco, entre ellos Juan Carlos Ríos, nieto de Efraín Ríos Montt.
Así es. Le profirieron insultos a la primera mujer indoamericana Premio Nobel de la Paz. ¡Imagínese! Para ese caso específico, efectué un peritaje lingüístico, el cual ayudó para que la doctora Menchú tuviera dictamen favorable y para que los responsables fueran condenados. Ese fue el primer juicio por discriminación racial en el país; es un buen antecedente. Por eso recalco la importancia de que este tipo de casos se denuncien.
Julia Guillermina
Herrera
Peña es investigadora
lingüística de
la Oficina Internacional
del Español
(Ofines), de la
sección del
Instituto de
Cultura Hispánica,
en Madrid,
España.
- También
cursó estudios de posgrado
en Lingüística
y Filología
en San
Juan, Puerto
Rico, así como
en Siena,
Italia, y en las
Universidades
de Pittsburgh,
Iowa y del
Sur de Florida,
Estados
Unidos.
- En 1999, el Gobierno le
concedió la
Medalla de la
Paz, por su
contribución
a los acuerdos
de paz
en el país.
- Es miembro
de número
de la Academia
Guatemalteca
de la
Lengua desde
1983.
Guillermina Herrera Peña publicó
el año pasado los libros Viviendo
el sueño de Pigmalión.
Historias de racismo en Guatemala y Lola romántica.
En el primero se narra, por ejemplo,
el caso de Candelaria, una joven
indígena que estuvo obligada a la servidumbre
por casi una década. Tras
soportar agresiones diarias, rompió el
silencio y se atrevió a denunciar. “El
objetivo de esta obra es sensibilizar,
educar y proponer una visión intercultural,
para que los diversos grupos
étnicos de Guatemala vivan en paz”,
refiere la escritora.
LOLA ROMÁNTICA
Herrera Peña refiere que los temas
predilectos de la poeta Dolores Montenegro
son el dolor, el amor y la
muerte, así como la patria y la libertad;
la virtud, la honestidad, la lealtad,
el honor, la audacia y el heroísmo.
Este es uno de los fragmentos poéticos
del puño de la llamada Lola romántica: “¡Patria del corazón, patria
querida…! / ¡mientras unos agotan tus
tesoros, / tus fieles hijos mezclarán
sus lloros / con el que viertes en fatal
dolor…!
Este libro se encuentra gratis en
www.librosenred.com
PROYECTOS
Durante la Feria del Libro, a celebrarse
este mes, presentará el libro Por qué el tigre tiene manchas. Cuentos
y fábulas mayas de hoy y de siempre.
Entre sus proyectos se encuentra
la publicación de la obra Precursoras,
que ahonda en el tema del aporte
femenino a la construcción de la República. |