Semanario de Prensa Libre • No. 414 • 1 de julio de 2012

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D lo último de lo último

Punto final

La tercera edad, fuente de valores

Los mayas de más de 60 años pueden ser una fuente de transmisión de valores y sabiduría.

Por LUIS GARCÍA LEIVA*

Los ciudadanos guatemaltecos no somos la excepción a la regla. Los que ahora somos adultos envejeceremos y nos sumaremos a las miles de personas mayores que necesitarán de una atención integral que las dignifique como seres humanos. Esta nueva etapa de la vida representa muchos retos para todos aquellos que se ven marginados por la sociedad y por sus propias familias al ignorar el enorme legado que han dejado para el país.

En Guatemala, según el censo de población del 2002, hay 713 mil 780 personas arriba de los 60 años. Sin embargo, la Asociación Nacional de la Tercera Edad sin Cobertura al Seguro Social calcula que hay unas 200 mil personas más que viven en las calles y que no fueron tomadas en cuenta por el estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Aparte de ello, el INE calcula que en Guatemala viven 249 mil 203 indígenas de más de 60 años de edad, que pueden ser considerados como una fuente potencial de transmisores de valores y sabiduría, especialmente para los niños.

Definiremos el envejecimiento de la población como el aumento de la proporción de personas mayores en relación con los otros grupos de edad; es una definición fundamentalmente estadística. El ritmo del envejecimiento de la población depende del estado de transición demográfica hacia tasas más bajas de fecundidad y mortalidad. Eso quiere decir que a medida que el ritmo de la transición se acelera, aumenta rápidamente la proporción de mayores.

Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, en el mundo hay más de 578 millones de personas mayores de 60 años, y el grupo sigue en aumento, aunque en América Latina y África es relativamente bajo, debido a las tasas de fecundidad. Pero estos datos no eximen de los problemas que afrontan cada día los miles de guatemaltecos de la tercera edad.

En América del Norte y en gran parte de Europa las condiciones para aquellos que han trabajado en forjar la patria y han luchado desde sus diversas labores, son buenas. Ellos gozan de un digno retiro; es decir de una jubilación que cubre sus necesidades para vivir. Además, han creado la infraestructura para que su descanso sea integral.

Algunos pensarán o dirán que en esos países sí funciona el Estado a y son otras condiciones. Tienen razón, pero esta situación no justifica que en Guatemala no se luche por lograr el pleno desarrollo y respeto a los derechos humanos de las personas de la tercera edad.

Es justo que la seguridad social y los servicios que se prestan a los adultos mayores se fortalezcan dándoles participación social, alentando actividades que no los hagan sentir como una carga para sus familias y el Estado.

En 1991, la Asamblea General de las Naciones Unidas convino un conjunto de principios a los cuales deben tener acceso todos los seres humanos, entre ellos los adultos mayores, tales como acceso a suficientes alimentos, agua, vivienda, ropa, servicios sociales y jurídicos.

No deben olvidar, quienes están en el amanecer de la vida, que alguna vez les llegará el ocaso. Las personas que tienen la facultad de trabajar para la dignificación de la tercera edad tienen una obligación moral que les sirva de apoyo a estas personas que en determinado momento entregaron su vida y trabajo por la conformación de una nueva sociedad.

*Doctor en Sociología

         
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