Punto final
La tercera edad,
fuente de valores
Los mayas de más de 60 años pueden ser una
fuente de transmisión de valores y sabiduría.
Por LUIS GARCÍA LEIVA*
Los ciudadanos guatemaltecos
no somos la excepción a la
regla. Los que ahora somos
adultos envejeceremos y nos
sumaremos a las miles de personas
mayores que necesitarán de una atención
integral que las dignifique como
seres humanos. Esta nueva etapa de
la vida representa muchos retos para
todos aquellos que se ven marginados
por la sociedad y por sus propias familias
al ignorar el enorme legado que
han dejado para el país.
En Guatemala, según el censo de
población del 2002, hay 713 mil 780
personas arriba de los 60 años. Sin
embargo, la Asociación Nacional de la
Tercera Edad sin Cobertura al Seguro
Social calcula que hay unas 200 mil
personas más que viven en las calles y
que no fueron tomadas en cuenta por
el estudio del Instituto Nacional de
Estadística (INE).
Aparte de ello, el INE calcula que
en Guatemala viven 249 mil 203 indígenas
de más de 60 años de edad,
que pueden ser considerados como
una fuente potencial de transmisores
de valores y sabiduría, especialmente
para los niños.
Definiremos el envejecimiento de la
población como el aumento de la proporción
de personas mayores en relación
con los otros grupos de edad; es
una definición fundamentalmente estadística.
El ritmo del envejecimiento
de la población depende del estado de
transición demográfica hacia tasas
más bajas de fecundidad y mortalidad.
Eso quiere decir que a medida
que el ritmo de la transición se acelera,
aumenta rápidamente la proporción
de mayores.
Según el Fondo de Población de
Naciones Unidas, en el mundo hay
más de 578 millones de personas mayores
de 60 años, y el grupo sigue en
aumento, aunque en América Latina y
África es relativamente bajo, debido a
las tasas de fecundidad. Pero estos datos
no eximen de los problemas que
afrontan cada día los miles de guatemaltecos
de la tercera edad.
En América del Norte y en gran parte
de Europa las condiciones para aquellos
que han trabajado en forjar la patria y
han luchado desde sus diversas labores,
son buenas. Ellos gozan de un digno
retiro; es decir de una jubilación que
cubre sus necesidades para vivir. Además,
han creado la infraestructura para
que su descanso sea integral.
Algunos pensarán o dirán que en
esos países sí funciona el Estado a y
son otras condiciones. Tienen razón,
pero esta situación no justifica que en
Guatemala no se luche por lograr el
pleno desarrollo y respeto a los derechos
humanos de las personas de la
tercera edad.
Es justo que la seguridad social y
los servicios que se prestan a los
adultos mayores se fortalezcan dándoles
participación social, alentando
actividades que no los hagan sentir
como una carga para sus familias y
el Estado.
En 1991, la Asamblea General de las
Naciones Unidas convino un conjunto
de principios a los cuales deben tener
acceso todos los seres humanos, entre
ellos los adultos mayores, tales como
acceso a suficientes alimentos, agua,
vivienda, ropa, servicios sociales y jurídicos.
No deben olvidar, quienes están en
el amanecer de la vida, que alguna vez
les llegará el ocaso. Las personas que
tienen la facultad de trabajar para la
dignificación de la tercera edad tienen
una obligación moral que les sirva de
apoyo a estas personas que en determinado
momento entregaron su vida
y trabajo por la conformación de
una nueva sociedad.
*Doctor en Sociología
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