Semanario de Prensa Libre • No. 417 • 22 de julio de 2012

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Famosos en política

¿Quién es más popular, Kardashian o Reagan?

farandula

KARDASHIAN HA MOSTRADO su deseo de participar en la
vida política
como alcaldesa de una ciudad de California.

Por JesÚs Gil Molina

“Hoy día la política es comunicación”. Así de tajante es el doctor Manuel Pastor, director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid.

Giovanni Sartori, eminente teórico de la política y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el 2005, afirmaba que la irrupción de la televisión y la pretensión de hacer, falsamente, partícipes de la política a todos los segmentos de la sociedad, ha llevado a una progresiva espectacularización, con la consiguiente pérdida de contenido de la misma. Él lo llamó videocracia.

Andrea Greppi, profesor de Filosofía Política de la Universidad Carlos III, de Madrid, España, es también claro al respecto: “Creo que la sobredimensión de la imagen es mala, porque produce una reducción y una simplificación del debate público que es extremadamente peligrosa para la democracia”.

Gastón Mutti, profesor de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, comparte la importancia de la imagen, pero incide en la crisis del modelo tradicional de partidos: “Hay una tendencia a dotar a estas estructuras partidarias de caras visibles. Construir un aparato partidario sólido puede llevar más de dos décadas, mientras tanto estos personajes públicos dotan de un cierto espíritu de cuerpo donde no existe, incluso, una clara identidad partidaria ni ideología”.

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Famosos, ¿pero políticos?

En democracia todos somos políticos porque todos somos parte de la vida política del país. En este sentido, los expertos coinciden: cualquier persona puede ser válida para representar unos intereses, identidades o ideas.

La capacidad de suscitar la atención que tienen determinadas personalidades sí puede ser positiva para visibilizar una causa, pero como Greppi afirma: “Hay imágenes que no dicen absolutamente nada, no tienen absolutamente ningún significado. El problema está en sobrevalorar la imagen hasta el punto de que nos olvidemos de que detrás de la imagen tiene que haber palabras”.

Así, hay que establecer una clara diferencia entre políticos previamente famosos como el 40 presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, o Melina Mercouri, cantante y cofundadora del Partido Socialista griego; o celebridades como Kim Kardashian o Álvaro de Marichalar, deportista y de familia noble que concurrió al Parlamento por Unión Progreso y Democracia en España.

En este sentido, Mutti diferencia entre “hombres de partido”, que además son personajes públicos —como Reagan y Mercouri—, los personajes públicos que se vuelven “hombres de partido”, como el exautomovilista Reutemann o el cantante Palito Ortega, en Argentina, y los outsiders, los ajenos al mundo de la política, como Rubén Blades, en Panamá, o César Antonio Molina, en España, quienes, según él, son a los que más les cuesta permanecer en este mundo.

Así, no hay que caer en el prejuicio y encasillar a toda celebridad que se implique en el mundo político. Manuel Pastor reconoce las virtudes de estas celebridades con discurso propio: “No basta con tener ideas y experiencias si no se comunican. Como expertos en comunicación, los actores están en una posición muy conveniente para ejercerla y tienen experiencia en medios”.

El titular de Filosofía Política Andrea Greppi combina este dominio de la comunicación con la situación de la vida política mediatizada: “Solo una versión extremadamente simplificada de la vida política puede suscitar el interés del público, y los famosos juegan un papel en esta situación. Hay famosos en política porque solo los famosos consiguen minutos en los informativos”.

Así, la capacidad de comunicar eficazmente un mensaje y la capacidad de conseguir la atención de los medios hacen de las celebridades objetos de deseo de los partidos políticos.

“La sobreexplotación de la imagen tiene que ver muy directamente con la cuestión del populismo y con la deriva populista que caracteriza a la política en nuestros días”, asevera Greppi.

Este populismo, cada vez más presente, está íntimamente relacionado con la crisis de los partidos tradicionales, del modelo partitocrático. Al desconfiar los ciudadanos de los aparatos políticos consolidados —con amplios historiales en los que se mezclan éxitos con sonados escándalos—, se produce una desafección, lo que lleva a los dirigentes a escoger el camino más fácil, el de la imagen por la imagen.

El profesor Mutti incide en el aspecto de la crisis de los partidos: “En América Latina —dejando afuera a Uruguay y a Chile— la crisis de la política como crisis de los partidos políticos tradicionales ha llevado a estos experimentos con famosos”.

El profesor se refiere a experimentos como el de Carlos Reutemann, piloto de carreras, o Palito Ortega, cantante, ambos argentinos, que concurrieron por el Partido Justicialista bajo el abrigo de Carlos Saúl Menem. Ambos ejercieron como gobernadores de Santa Fe y de Tucumán, respectivamente. Para Mutti, estos dos casos serían ejemplos de éxito de la inclusión de famosos en política, porque acabaron convirtiéndose en líderes del partido en sus distintos distritos.

En definitiva, al decir de los expertos, el fenómeno de las celebridades que se meten en política está lejos de parar. Lo que hay que ser, indican, es críticos con quién entra y por qué entra. No todos los políticos son Kim Kardashian, ni todos los actores Ronald Reagan.

EFE Reportaje

 

   

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