Acción
acuática
Emoción y adrenalina,
dos constantes en el
rafting.

Emoción y adrenalina,
dos constantes en el
rafting
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Por Roberto Villalobos Viato
El río corre furioso y sus aguas chocan violentamente contra las rocas. Algunas personas se acercan a la orilla, con timidez. Otras solo observan de lejos, quizás desde un puente. Pero hay un tercer grupo de muchachos que anhelan navegar sobre esas poderosas corrientes. Estos últimos son los amantes de la adrenalina, de lo extremo. Son los retadores, los que practican rafting.
Actividad extrema
Guatemala tiene muchos ríos aptos para este deporte. Los cinco más famosos son el Nahualate, el Coyolate, el Motagua, Los Eclavos y el fuerte Cahabón.
Desde la capital, la travesía empieza desde muy temprano. Nos conducimos hasta el Nahualate, un caudal clase 3, que significa que su dificultad para navegarlo es intermedia.
“Todos los ríos se clasifican por clases”, dice Roberto Morales, guía de la empresa Gravedad Cero, organizadora de actividades extremas como puenting, bungie o escalada.
Para el rafting, comercialmente se navegan aquellos clase 2 y 4. Entre más alto es el número, más difícil. Incluso, hay ríos tipo 5 y hasta 6, pero son solo para expertos, pues requieren una técnica muy depurada.
Llegamos hasta uno de los puentes que cruzan aquel ancho afluente, a inmediaciones de Chicacao, Suchitepéquez. A la distancia se escucha el sonido de sus aguas.
“¿Están listos?”, pregunta Max Baldetti, un experimentado guía que ha recorrido turbulentas corrientes acuáticas de Europa y Asia. Los aventureros contestan afirmativamente y con una risa nerviosa. Para algunos es su primera vez. Mientras unos inflan las balsas, el amigable Baldetti habla sobre las medidas de seguridad, una plática que dura alrededor de 35 minutos. En esta explica cuál es el equipo —casco, chaleco salvavidas y remo—, cómo usarlo y qué hacer en caso de una caída. Después habla sobre los comandos que se deben poner en práctica en el viaje. “Ustedes son los motores”, asegura.
Todos tomamos un lugar en la balsa, la cual se mueve con apacibilidad en la orilla de la corriente de agua. Cada vez se acelera más el corazón. Empieza a correr la adrenalina. La ropa queda empapada casi al instante. “¡Vamos!”, grita Baldetti. Empieza la aventura.
Durante el recorrido se hace bastante ejercicio. Se deben poner en práctica los comandos aprendidos, con mucha sincronización. Si alguien falla, hay que hacer más esfuerzo.
Se siente la velocidad del río. Su fiereza. Algunas olas, en ciertos casos, llegan a un metro de altura. En el Nahualate son alrededor de 12 kilómetros de recorrido. Se hace un intermedio para descansar, y de nuevo al agua. “De cada 10 viajes se me cae una persona”, nos dijo el guía, minutos antes. “Pero siempre se rescata”, aclara. El viaje tarda casi dos horas.
Todo es emocionante y siempre quedan ganas de hacerlo una vez más. Sin duda, es algo que se debe experimentar al menos una vez en la vida.
LLEVAR BLOQUEADOR SOLAR, gorra
ajustable, tenis con cintas, ropa cómoda
y ligera, toallas y ropa extra.
VARIAS EMPRESAS SE dedican a los
deportes extremos. Entre ellas Gravedad
Cero. Teléfono: 4012-7236.
Internet: www.gravedadcero.com.gt y en
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