Habla con los muertos
En su publicación, Lily de
Valdez recopila
experiencias de sus dones
como médium.

CON REGULARIDAD HACE ejercicios de meditación
pero
no precisa entrar en trance para comunicarse.
Por JOSÉ LUIS ESCOBAR
Charlatana, médium, bruja, psíquica, loca y hasta engendro del demonio son algunos de los apelativos con los cuales han llamado desde hace 25 años a Lily de Valdez, cuando aceptó los dones con los que nació y públicamente comenzó a ayudar a las personas a comunicarse con sus familiares fallecidos.
“De niña creía que todo mundo veía lo mismo que yo, pero cuando decía que alguien más nos acompañaba o trasladaba mensajes de esas otras personas, pedían que me callara, para que no pensara n que estaba loca. Eso me llevó a guardar el secreto y no contar que veo el aura de las personas y que hablo con los muertos”, refiere.
Lily no precisa entrar en trance para hablar con las almas desencarnadas. “Puedo verlos y escucharlos como a los vivos. La diferencia está en su nivel vibratorio y en el aura. La de ellos es más intensa”, afirma.
El jueves 9 publicó un libro bajo el sello Aguilar, en el cual recoge parte de su experiencia como médium. “El lenguaje de este ejemplar es sencillo. Espero que tengan la oportunidad de leerlo, no una sino varias veces”, sugiere.
Los 12 capítulos de Yo hablo con los muertos están narrados en primera persona y presentan casos que van desde su faceta como enlace entre vivos y difuntos hasta el acompañamiento que dio a una niña secuestrada y luego liberada. Ese apoyo no fue físico, Lily desdobló el alma de su cuerpo para estar con la pequeña. Este ejemplo es el más cercano que el lector conocerá de la ayuda que la psíquica ha dado para resolver casos de violencia, ya que dejó de colaborar con los investigadores, por razones de seguridad.
La universalidad del amor
Como médium, De Valdez ha ayudado tanto a cristianos como a ateos. Incluso hay religiosos que refieren a sus feligreses y le han pedido ayuda en Honduras, México, Venezuela, Argentina, Estados Unidos y Canadá.
Aceptar sus dones no fue sencillo, debido a sus creencias. “Llegué a la conclusión de que definitivamente no puedo estar en donde no soy grata. No necesito de una iglesia o estar en un grupo específico. Dios está en todas partes”, explica. “Si a mis 25 años me hubieran dicho que era médium, no lo hubiera podido racionalizar. Hubiera dicho que era brujería; por ello entiendo a los escépticos”.
Lily habla con total seriedad de temas como vida después de esta vida, comunicación con los muertos, mensajes del más allá, ayuda a almas para que pasen a la luz y dejen de manifestarse en el plano físico. Ella habla con total seriedad de estos temas y por eso es objeto de críticas.
“Todos, absolutamente todos los seres humanos, tenemos un derecho que nadie nos puede quitar, que es amar a Dios, a la luz, al padre o como prefiramos llamarle. Es una misma energía de amor. En la Biblia, en el Corán y en otros libros hay elementos comunes, reglas que se parecen mucho y por las cuales trato de guiarme. Son reglas elementales de amor hacia los demás”, enfatiza.
Aceptación
La psíquica asegura que desde el 2000 hay más apertura a los hechos paranormales y agrega que si bien ella es “un secreto a voces”, en el país hay más psíquicos reconocidos que se alejan de la charlatanería, la que, indica, desafortunadamente es el primer acercamiento de las personas al contactar con sus familiares. Cuando buscan su apoyo todo lo que pide es el nombre de la persona con quien hablarán.
Desde el 2010 Lily se dedica en tiempo completo a asistir a las personas. “Fue una decisión difícil porque tengo una familia y obligaciones que atender. Pero el llamado era cada vez más fuerte hasta que comprendí que tenía que dar ese paso. Me han dicho de todo, me han agradecido y también desacreditado, pero al final la balanza se inclina hacia la satisfacción”. Anteriormente trabajaba en una corporación donde sus ingresos eran tres veces mayores. “Pero no puedo comparar eso con la satisfacción y el amor que deja ayudar a los demás”, afirma.
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