José Antonio Móbil
Soy un
marxista
sin
partido
José Antonio Móbil es un polifacético escritor y político,
cuyos inicios se remontan a la
Revolución de 1944.

“Algunos —de izquierda— han
formado parte de los gobiernos;
es
gente que no tenía ideología”.
Por Francisco Mauricio Martínez
Fotos Erlie Castillo
José Antonio Móbil, a sus 82 años continúa activo en todas las áreas en las que se ha involucrado. Su mayor pasión, la de ser escritor, la afianzó más el jueves 30 de agosto, cuando presentó su obra histórica Guatemala, el lado oscuro de la historia I y II. En lo político mantiene su ojo crítico sobre lo que acontece y, por supuesto, con esa visión de izquierda que lo ha caracterizado desde 1944. “Soy un revolucionario de tiempo completo”, dice, con una sonrisa de satisfacción.
¿Cuál ha sido su participación en la política del país?
Me inicié cuando tenía 14 años y sonaron los cañonazos del 20 de octubre de 1944. Me despertaron un sentimiento de euforia muy grande, quizá porque oí quejarse a la gente de la servidumbre nacional que se vivía hacia Jorge Ubico y desde ese momento he sido un revolucionario de tiempo completo.
Como activista político acompañé a Juan José Arévalo, desde los 17 años, a diversas giras y estuve trabajando en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en tiempo de Jacobo Árbenz; atendí los asuntos propios de Belice.
Regresó a la política muchos años después
Llegué al Congreso en 1996, con gente
como Nineth Montenegro, Rosalina Tuyuc, Manuela Alvarado, Carlos Barrios y Amílcar Méndez. Nos costó mucho adaptarnos porque no conocíamos la práctica parlamentaria y además éramos muy disímiles en formación, debido a que veníamos de diversos sectores; sin embargo, nos fuimos acoplando con los naturales desajustes que hay siempre en las bancadas congresiles.
¿Cómo fue su militancia en la izquierda?
Con los grupos guerrilleros, no. Fui militante del partido comunista (Partido Guatemalteco del Trabajo). Cuando cayó Árbenz, yo era dirigente de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), representando a Derecho, y tuvimos que salir porque los que encabezaban la rebelión armada también eran integrantes de la asociación de Derecho, pero con un sentimiento anticomunista rabioso, lo cual nos hacía antagónicos. Nos fuimos a Chile y fue en este país donde opté entrar al PGT. Cuando regresé a Guatemala, en 1957, ya era parte del partido y trabajé varios años hasta la década de 1970. Es decir, soy un marxista sin partido.
¿Por qué tanta desunión en la izquierda?
Hay diversas izquierdas y también intereses personales de dirigencia que son más fuertes que la convicción de que la unión hace la fuerza, aceptándonos unos a otros. Hay mucha división, intereses creados y muchos han perdido el norte de lo que es una izquierda democrática. Algunos han formado parte de los gobiernos, lo cual es lamentable porque es gente que no tenía una ideología muy asentada, quizá aventurismo.
Se necesita tener una convicción y principios bien definidos para ser un revolucionario inclaudicable. Yo soy una persona de pensamiento revolucionario, mi pensamiento y acción responden a mi teoría y a mi práctica.
¿Qué le dejó su paso por el Congreso?
Lo vi con naturalidad, porque aquí como en Indonesia, Japón o en Francia, se tiran los platos a la cabeza y se agarran a puñetazos. Esa es la triste realidad de la historia, eso de que el hombre es un animal político es cierto, pero es más animal que político, porque usa poco la cabeza.
En la edición de libros ¿Cómo se inició?
Tengo cinco hijos que me martirizaban preguntándome qué era el Barroco, el arte o quién era Pedro de Alvarado, entonces me dije voy a escribir un libro y el primero que se llama Historia del Arte guatemalteco, se convirtió en texto, y así fue como llegué a escribir una docena, casi todos didácticos. También escribí Los móviles de Tono, que es una pequeña autobiografía donde cuento algunas cosas personales, por ejemplo, cómo me inicié en el amor.
¿De qué trata su reciente libro Guatemala, el lado oscuro de la historia?
Es mi legado al pueblo de Guatemala y quisiera ceder los derechos para que el Gobierno pueda publicar miles de ejemplares y los obsequie a los centros de estudios y universidades, porque nuestra educación no tiene un sustento nacionalista ni mucho menos científico.
¿Qué tantos libros se han producido en el país?
Es extraño cómo durante la represión hubo mucho más literatura que en otras oportunidades. Ahora se lee en los periódicos que hay entregas de libros, conferencias o conciertos, pero, generalmente, esto no llega a donde debería, que son los sectores populares, los cuales están abandonados de todo lo que es cultura nacional. Además, con la transculturación que se está dando se está terminando todo lo que teníamos como acervo cultural tradicional, ahora a los niños ya no le hacen su piñata en la casa con refresco de hortacha, sino lo celebran en un local de comida rápida.
Fui a una escuelita en un lugar apartado del país donde los nombres eran Bélica, Delsar, Menfisli, Glorelid, Jesica, Juani, Elder... ¿Y los nombres españoles?
A ese paso, ¿a dónde
vamos?
A castrarnos y esterilisarnos culturalmente. Ya no somos nada, ya no jugamos barrilete, yoyos, cincos, capirucho. Los jóvenes ya no comen fiambre, prefieren las papas de Mac. No toman refresco de tamarindo.
¿Qué tan grave es que un país pierda su identidad?
Tan grave como cuando se dio la primera invasión a Guatemala, en 1524, cuando vinieron los españoles y acabaron con la religión y costumbres. La segunda invasión se está dando desde 1954 y nos está metiendo toda una serie de costumbres, usos y modismos que no tienen nada que ver con nuestra cultura.
¿Qué tan verdadera
es la historia oficial?
Tan cierta que no sabemos nada porque está llena de anécdotas, de razones de Estado, de batallas y la historia no es un libro táctico ni estratégico o del Ejército. No sabemos historia, fueron 300 años de coloniaje español, donde estuvimos con la bandera del imperio de ese país.
¿Qué novedades hay
en su libro?
Por ejemplo, el aparecimiento del mestizo, y por qué nosotros tenemos esa manera de ser que todo lo pedimos por favor y regalado. También que Guatemala no ha tenido una soberanía nacional, salvo los 10 años de Arévalo y Árbenz quienes hicieron respetar la soberanía nacional. Narra cuando Arévalo expulsó al embajador Patterson porque le ofreció dinero y mujeres para que le firmara algunos contratos petroleros y él le dijo: “El dinero guárdeselo, las mujeres me encantan, pero me las busco yo”. O cuando Árbenz, en la guerra de Corea, dijo: “Esa guerra es extraña a nosotros, ningún soldado va a derramar su sangre por una lucha que es ajena a nosotros”. Los colombianos mandaron dos batallones y fueron los primeros que murieron.
¿Qué nos ha escondido la historia oficial?
Todo. Por ejemplo, no se habla de que la United Fruit Company era un estado dentro de otro estado que botó al menos cinco generales para establecer sus instalaciones, no pagó impuestos, no teníamos puertos nacionales, transporte nacional, la empresa eléctrica, todo estaba en manos extranjeras, igual que el café en manos alemanas. Es una larga historia de desaparecimiento de datos porque todo lo han dado muy fragmentado.
- Historia del arte guatemalteco
(1974), Literatura Hispanoamericana
(1974), Literatura Universal
(1975).
- Iniciación literaria No. 3 (1977),
Geografía económica de Guatemala
(1978), Guatemala: su pueblo
y su historia (1991).
- Los móviles de Tono (2005); Yo,
lesbiano, (2007), La década revolucionaria
1944-1954 (2010), Personajes
históricos de Guatemala
(2011).
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