Semanario de Prensa Libre • No. 423 • 2 de septiembre de 2012

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D mundo

Una polémica ciencia
El principal objetivo de la geoingeniería es modificar el clima.


mundo
LOS BOSQUES SON uno de los dos sumideros de CO2 del planeta,
por lo que hay que aumentarlos, mediante la creación de árboles artificiales.

Por Isabel MartÍnez Pita



Un aura de misterio envuelve a esta ciencia tan poco conocida como atractiva para los amantes de la ciencia ficción. Sin embargo existe y ha sido utilizada, a veces, con fines no muy lícitos. Como toda tecnología, su naturaleza depende de quien la maneje. Es la geoingeniería, cuyos límites pueden ser traspasados fácilmente y pasar de ser una ayuda para la humanidad a causante de desastres irreparables. Comenzó a ensayarse a pequeña escala a mediados del pasado siglo, y en la actualidad su principal objetivo es actuar sobre el medioambiente a escala planetaria, con la finalidad de modificar el clima o, al menos, ralentizar el cambio climático.

Jonathan Gómez Cantero es geógrafo, climatólogo, experto en riesgos naturales e investigador de geoingeniería, esta poco conocida ciencia.

El geógrafo enumera algunas de las formas en las que ha sido aplicada: “Han existido algunos experimentos de buques que han lanzado agua marina con la finalidad de que todas las partículas de sal queden suspendidas en la atmósfera y, de esta forma, poder ver el efecto sobre la radiación solar. La sal actuaría de forma similar a un espejo, es decir la radiación rebotaría en los cristales que forman la sal y sería devuelta al espacio exterior, de tal manera, que no llegaría a calentar la Tierra”.

Una de las aportaciones más extendidas de esta curiosa ciencia se da en la meteorología local, con el objetivo de crear nubes. Lo explica Gómez Cantero: “Hay otro tipo de geoingeniería, que siembra o crea nubes, con la misión de poder hacer llover o hacer nevar”.

Cambio climático

“Actualmente, señala Gómez Cantero, la geoingeniería está avanzando a escala planetaria, y uno de los grandes hitos que quiere conseguir es poner en el espacio, entre el Sol y la Tierra, una serie de cristales que eviten la radiación, con el fin de cambiar el clima y/o evitar el cambio climático”.

Pero en este planeta y sobre el terreno, dice el geógrafo, “existen otros objetivos” sobre los bosques y los océanos, principales sumideros de dióxido de carbono (CO2) de la Tierra. “Esto quiere decir, explica, que hay dos almacenes donde guardar el CO2, uno son los bosques, por lo que hay que aumentarlos mediante la creación de árboles artificiales o la plantación de nuevos, de manera que se atraiga mucho más dióxido de carbono, con el objetivo de evitar el efecto invernadero”.

“Otro es el océano, que es el mayor sumidero de CO2 del planeta. Lo que se pretende es fertilizar, con hierro y otros nutrientes, todo el océano, para que se cree mucha más biodiversidad marina, es decir fitoplancton, a fin de que estas bacterias, que viven en los mares, atrapen más CO2”. El geógrafo aclara que “el problema que tiene esta fertilización es que el CO2 pasa de la atmósfera al océano, y cuando el fitoplancton muere, este se va al fondo del mar, arrastrando todo el dióxido de carbono que ha almacenado, lo que causa la acidificación de las aguas. Si se cambian los parámetros químicos del agua en todo el mundo podríamos estar hablando de la muerte de arrecifes de coral y la extinción de muchísimas especies, por lo que los daños causados por la fertilización artificial podrían ser mucho peores de lo que podemos imaginar”.

El investigador, experto en riesgos naturales, insiste en la necesidad de experimentar con mucha cautela. “En ciencia siempre se tiene que tener en cuenta los perjuicios y las ventajas de la experimentación, por eso, hasta ahora, estas técnicas se han usado muy poco, dado que existe un principio de incertidumbre bastante alto”.

“Eso es lo que está haciendo que esta ciencia avance muy lentamente, porque todas esas medidas pueden generar procesos de retroalimentación, es decir que cuando se actúe sobre un punto en concreto se pueda desencadenar un efecto en cadena u otros daños mucho peores e irreversibles, de manera que aquello contra lo que has querido luchar se refleje en el otro lado del planeta como un desastre natural”, explica Gómez Cantero.

Efe-Reportajes

  • Estados Unidos, país pionero de la geoingeniería, sigue siendo el principal impulsor de esta ciencia.
  • “En la mayor parte de los protocolos y cumbres medioambientales, como la de Kioto, se mantiene al margen, por lo que, para poder seguir siendo la capital del mundo, política y económicamente, le interesa su desarrollo”, subraya el geógrafo.

 

   

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