William Alexander
Hernández Pablo
Médico
con doble
esfuerzo
La historia de Willy no es solo la
del infante que jugó a ser doctor.
Detrás del título de Médico y
Cirujano, que recién obtuvo, hay
una persona perseverante
por conocer.

“Se me diagnosticó
esclerodermia,
una
enfermedad
poco común”.
Por josÉ luis escobar
Fotos Carlos sebastián
Desde su infancia, a William Hernández le llamó la atención ser médico, un sueño por el cual no solo superó extenuantes jornadas laborales, sino enfrentó complicaciones de salud. El diagnóstico de esclerodermia fue lo más difícil. Esta enfermedad, en su forma más grave, puede comprometer la vida de quien la padece. Con todos los retos que le significó, Hernández se graduó este mes y por ello en su ambiente laboral, familiar y estudiantil es un modelo de superación.
Willy, como afectuosamente lo llaman, es auxiliar de enfermería y labora en el Hospital Nacional de Chimaltenango, de donde es originario. Llegó a ese centro en el 2003 con estudios de enfermería, que culminó en el 2002, y que paralelamente obtuvo con bachillerato en Ciencias y Letras, del cual se graduó en el 2001.
Por nueve meses prestó desinteresadamente sus servicios hasta que surgió la oportunidad de una plaza, con la cual costeó sus estudios. Así comenzó la consolidación de su sueño.
¿En qué unidades del hospital se ha desempeñado?
Mi puesto es auxiliar de enfermería. Como enfermero he rotado en varios servicios. En el primer año comencé en la Emergencia de Adultos, posteriormente me asignaron al área de Encamamiento de Hombres. También he estado en Cirugía, Traumatología y Posparto. Desde hace casi tres años estoy en la Emergencia.
¿Cómo logró conciliar los turnos de trabajo en un hospital con una carrera tan demandante como Medicina?
Desde que comencé a venir al hospital, en el 2003, mis turnos han sido rotativos. Más o menos así: de 7 a 13 horas, o a partir de esta hora a las 19 horas, o por las noches, desde las 7 horas a las 7 del día siguiente. Me dediqué a trabajar por dos años y en el 2005 empecé a estudiar. El cambio fue drástico. Los primeros turnos nocturnos fueron muy pesados. Para llegar a tiempo a clases, que comenzaban a las 8 horas, debía tomar el bus a las 6 horas. Implicaba que un compañero me cubriera la última hora. Regresaba a Chimaltenango a las 18 horas, desvelado y a veces con tarea para el día siguiente. Aprovechaba hasta la medianoche, otras veces no dormía lo suficiente. A las 5.30 horas ya debía estar en pie para un nuevo día y salir hacia la capital.
¿El apoyo de los compañeros de trabajo fue entonces vital?
Definitivamente. Además, con mis colegas, los médicos y los paramédicos hay respeto y confianza. Siempre me han apoyado. Cuando he requerido no hacer un turno o parte de él, ahí han estado todos estos años, dispuestos a cubrirme. Mis jefes también han sido comprensivos, saben además que los permisos eran para mi superación y no por otros motivos. He recibido sin duda mucho de su persona. Cuando comencé a trabajar había escasez de personal en la enfermería del hospital y era difícil obtener permisos. Con el tiempo, gracias a Dios, me los concedieron y tuve que compensarlo con turnos los fines de semana.
¿Cuál es el tema de su tesis?
Es acerca de la caracterización de pacientes adultos con hipertensión arterial. Se hizo en cinco municipios de Chimaltenango: la cabecera, San Martín Jilotepeque, Tecpán, Pochuta y San Andrés Itzapa. Es un trabajo grupal, presentado junto a cuatro compañeros chimaltecos, quienes también me han apoyado. El tema me interesa mucho porque la hipertensión arterial es inherente a la medicina interna, en la cual deseo especializarme.
¿Desde qué época se veía como médico?
Desde que estaba en primaria lo tuve en mente. Sentía que algo me decía que debía estudiar Medicina. Al llegar a los básicos comencé a comprender que sería difícil sostener mi sueño. Al graduarme del bachillerato no pude seguir por los altos costos que representaba la carrera.
A pesar de las limitaciones económicas de la familia, mis padres me ayudaron con los estudios hasta el diversificado. Con mis propios recursos costeé la universidad y opté también por una beca-préstamo.
Estoy emocionado. Cuando ingresé a la carrera surgieron muchas dudas. Ahora que la finalicé me siento bastante contento y agradecido con todos: con mis papás, el personal del hospital y de la universidad. No lo puedo creer, pero gracias a Dios así es.
¿Cuál es ahora su objetivo profesional?
Gracias a Dios alcancé lo que me tenía propuesto, que era graduarme de médico y cirujano. Era una de mis aspiraciones. Deseo hacer una residencia, en medicina interna, y me gustaría que fuera en el Hospital Nacional de Chimaltenango, pero solo hay pediatría y ginecología. Tendré que buscar opciones.
Agendas de trabajo y estudios, recursos y tiempo… ¿qué otros retos superó en su carrera?
En el 2005 tuve problemas de salud y posteriormente algunas recaídas, que incluso han ameritado mi hospitalización por un par de semanas. Se me diagnosticó esclerodermia, una enfermedad poco común ocasionada por la sobreproducción de colágeno.
Al principio me dificultó mucho el estudio y el trabajo. Se vino a bajo mi autoestima y aunque creía dar el cien por cien de mí, sentía que no era suficiente y que no avanzaba. Me desesperé con cada obstáculo que encontraba. Pero sentí la ayuda divina en el momento oportuno y solo así pude seguir. Pensé seriamente retirarme de la carrera por estos problemas y porque ya no soportaba más la presión y el estrés.
¿Qué es la esclerodermia?
Es una enfermedad crónica e inmunológica. La piel se estira, toma otras tonalidades y uno de sus efectos secundarios es la artritis reumatoide, que afecta a las articulaciones. Tengo atrofiados algunos dedos de mi mano y pie, pero gracias a Dios llevo un tratamiento adecuado en el Hospital General San Juan de Dios, con la reumatóloga Mayra Cifuentes. A principios de este año tuve problema con una articulación del pulgar derecho y una ruptura espontánea del tendón. Me intervinieron en el Seguro Social, en marzo de este año. Estuve inmovilizado un par de semanas y comencé a hacer terapia.
¿Qué les diría a quienes viven en realidades adversas y luchan por alcanzar sus ideales?
Cuando uno tiene sueños grandes se necesita también voluntad para hacerlos realidad. Si la dificultad es que no se tiene todo, se necesita entonces de un doble esfuerzo. Se tienen que romper paradigmas. Quien no tiene los medios piensa que no podrá, pero si uno busca otras formas siempre encontrará un camino. Se tendrá que esforzar doblemente, pero alcanzará su meta. Es necesario tener sueños y esforzarse por cumplirlos. No cuenta únicamente tener sueños.
- Tiene 28 años. Se graduó
de bachiller en
Ciencias y Letras en el
2001.
- Paralelo al bachillerato cursó Enfermería, estudios
que concluyó en
el 2002. Con esa preparación
laboró gratuitamente
nueve meses
en un hospital hasta
que aplicó a una plaza.
- Desde el 2003 trabaja
en el Hospital Nacional
de Chimaltenango,
como enfermero
auxiliar.
- En el 2005, después
de haber ahorrado durante
dos años, comenzó
a estudiar Medicina.
- El pasado 7 de septiembre
obtuvo su título
de Médico y Cirujano en
la Universidad de San
Carlos de Guatemala.
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