Adiós al clásico foco
Luego de 132 años de
exitosa vida, su baja
eficiencia y alto
consumo la dejaron
obsoleta frente a otros
sistemas de iluminación.
Por Roberto Villalobos Viato
Imagine a la Guatemala del siglo XIX para atrás: José Milla y Vidaurre escribía El canasto del sastre aprovechando la luz solar; por las noches, quizás, se alumbraba con una lámpara de gas. Aquellos con menos recursos económicos caminaban por sus casas con una candela en la mano. Alrededor de las 8 de la noche, la ciudad dormía. No había mucho qué hacer después de esa hora. De hecho, la famosa Sexta Avenida capitalina estrenó iluminación pública de gas hasta 1879.
Científicos de Estados Unidos y Europa, sin embargo, dirigían múltiples experimentos para conseguir un instrumento útil que generara luz. El 21 de octubre, precisamente del año en que la Sexta Avenida inauguraba su alumbrado de gas, el estadounidense Thomas Alva Edison probaba con éxito un filamento de su creación, capaz de permanecer encendido por poco más de 13 horas, todo un récord para la época. Así nació la bombilla incandescente, la cual, hasta nuestros días, aún ilumina muchas partes del mundo.
Y se hizo la luz
Edison, de 32 años, hizo público su invento en la medianoche del Año Nuevo de 1879 a 1880, cuando iluminó la Christie Street en Menlo Park, a unos 50 kilómetros de Manhattan, la cual se convirtió en la primera avenida con alumbrado público eléctrico del planeta. Veintisiete días más tarde, patentizó su invento. Al perfeccionar el bulbo, inició su producción en masa. Desde entonces, aquellas luminarias se propagaron. El planeta ya contaba con luz por las noches.
Invento del siglo XIX
Los focos incandescentes de Edison, después de más de un siglo de vida, están por desaparecer.
¿Por qué? La razón es sencilla: los bulbos de Edison son ineficientes. “Alrededor del 85 por ciento de energía se convierte en calor y solo utiliza el resto para generar luz”, indica Carmen Urízar, presidenta de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica (CNEE), entidad encargada de velar por los intereses del sector eléctrico de Guatemala.
Ahora hay otras bombillas más duraderas, brillantes y eficientes en consumo de energía. Han aparecido las halógenas, las lámparas compactas fluorescntes —también conocidas como ahorradoras— y las LED —diodo emisor de luz, en inglés—.
Las LED, por ejemplo, emplean hasta el 95 por ciento de energía para crear luz y solo desperdician el 5 por ciento. “El consumo de electricidad para iluminación puede reducirse hasta 80 por ciento si se sustituyen las bombillas incandescentes por lámparas ahorradoras”, indica André González, de Tecnolum, empresa que desde hace más de 25 años distribuye material eléctrico en Guatemala. La factura mensual por consumo de energía eléctrica, incluso, podría reducirse en un 50 por ciento, según estimaciones del CNEE.
En Estados Unidos, por ejemplo, una cocina típica tiene 10 luces de 75 vatios encendidos todo el día, lo cual es un gasto inmenso. Reemplazarlos con focos fluorescentes podría ahorrarles hasta US$200 al año.
Aun así, en el mercado guatemalteco quedan muchos bulbos incandescentes. “La gente los compra porque son más baratos; la principal barrera para sustituirlos por bombillas ahorradoras o LED es que tienen un precio alto”, expresa González.
Mientras una incandescente vale Q2, una halógena llega a alrededor de Q8. En tanto, las compactas fluorescentes o ahorradoras oscilan entre los Q13 y Q65, según la cantidad de vatios. El monto sube más con las LED, pues cada foco alcanza los Q75. “La durabilidad y el ahorro energético compensan el precio”, afirma González.
Los fabricantes y distribuidores, entonces, deben enfrentarse a la tarea de convencer a los consumidores de que el costo vale la pena: las LED duran hasta 20 años, mientras que una incandescente un máximo de un año, si no es que mucho menos.
Aunque el empleo de los bulbos de Edison aún se mantienen en el país, grandes firmas como Walmart han descubierto que pueden alcanzar importantes ahorros energéticos reemplazándolas. Esa cadena de supermercados, desde el 2010, empezó una cruzada para cambiar todas sus lámparas tradicionales por las LED. Esto le ahorrará alrededor de 1.6 millones de kilowatts/hora en el gasto de energía eléctrica en sus aproximadamente 350 tiendas que tiene en Centroamérica.
El Banco Industrial —cuyas torres de su sede central se muestran en la portada de esta edición—, también ha conseguido ahorrar energía eléctrica con la implementación de nuevas tecnologías lumínicas.
El cambio
En la Unión Europea (UE), a partir del 1 de septiembre de este año se dejaron de distribuir los focos tradicionales de menos de 60 vatios para fomentar el ahorro de energía. La iniciativa empezó en el 2009, cuando se sacaron del mercado las bombillas incandescentes de 100 vatios. El año pasado, la UE puso fin a las incandescentes de 75 y 60 vatios. Ahora, Europa prohibió producir esas lámparas, aunque los comerciantes que las tienen en sus inventarios las podrán vender hasta agotarlas.
Cuba, en el 2005, aplicó este tipo de medidas en su Operación Ahorro de Energía, con la cual el Gobierno reemplazó gran parte de las bombillas tradicionales por otras más eficientes. Luego se sumó la administración de Hugo Chávez (Venezuela), que anunció un plan para “encaminar el país hacia la eficiencia energética”.
Australia también ha sido rigurosa: en el 2007 emitió una ley para vedar el uso de lámparas incandescentes en todo su territorio. Por eso, desde el 2010, aquel país está iluminado exclusivamente con bulbos compactos fluorescentes —CFL, en inglés—, halógenas y las LED.
Los estadounidenses, a partir de este año, no tienen opción de conseguir las bombillas incandescentes, pues el Congreso de ese país les puso fin para ahorrar energía.
Guatemala, aunque está lejos de implementar acciones similares, ha hecho ciertos esfuerzos para hacer un cambio.
En marzo del 2009, la CNEE y el Banco Interamericano de Desarrollo suscribieron un convenio que, más tarde, derivó en el anteproyecto de ley Eficiencia Energética. “Con esto se formaría el Plan Integral de Eficiencia Energética, que, entre otros objetivos, consiente incentivar a los diferentes sectores del país a cambiar la iluminación por bombillas más eficientes y amigables con el ambiente”, expresa Urízar.
De esa forma se buscaría, por ejemplo, alentar a los propietarios de edificios a hacer remodelaciones, como pagar por instalar ventanas de alta eficiencia, focos ahorradores, calefacción o sistemas de enfriamiento.
Aunque la población puede ahorrar varios cientos de quetzales en el mediano y largo plazos, solo con emplear luminarias halógenas, ahorradoras o LED, la CNEE confiesa haber descartado la prohibición a la importación de bombillas incandescentes, pues “podría vulnerar algún derecho ciudadano conforme a lo previsto en nuestra Constitución”.
El cambio en el país ha iniciado, aunque a paso lento. Una reciente encuesta de la CNEE evidenció que en cada residencia en Guatemala, Sacatepéquez y Escuintla hay tres bombillas ahorradoras contra una incandescente. En el caso de los usuarios de la Distribuidora de Occidente (Deocsa), la relación es de dos focos ahorradores por cada bulbo de Edison. Las estadísticas de la Distribuidora del Oriente (Deorsa) se elevan más: por cada bombilla incandescente instalada hay seis ahorradoras.
Pese a ello, la CNEE estima que a la fecha aún existen alrededor de ocho millones de focos incandescentes en uso y, de las 428 mil lámparas de alumbrado público del país, alrededor de 320 mil —74 por ciento del total— son ineficientes.
Hasta ahora, son pocas las municipalidades que han cambiado sus luminarias públicas, entre ellas las comunas de la capital y la de San Francisco Zapotitlán, Suchitepéquez.
Por ahora, el anteproyecto de ley de la CNEE se discute con las autoridades de los ministerio de Energía y Minas y Finanzas. De acuerdo con Urízar, “se espera que la ley se publique, a más tardar, durante el primer semestre del 2013”.
Beneficios mundiales
Para el 2020, la UE espera ahorrar 40 mil millones de kilovatios hora (KWh) con la sola sustitución de luminarias incandescentes. Las estimaciones del CNEE también reflejan números importantes: si se reemplazaran en el país todas las bombillas de Edison por las de alta tecnología, podrían ahorrarle al país 510 millones de KWh anuales, así como economizar 150 MW en las horas pico —de 18 a 22 horas—. “Esto equivale a evitar el consumo de 212 mil usuarios típicos con un promedio de consumo de 200 kWh mensuales”, expresa Urízar. Estas cifras equivalen a que Guatemala ahorraría hasta Q985 millones al año.
Muchos países han empezado ya a ser más eficientes. Suecia es pionera en las casas que no emiten carbono. Alemania en energía solar accesible. Japón en los automóviles de uso eficiente de combustible y los Países Bajos tienen ciudades prósperas llenas de bicicletas.
Guatemala puede empezar con desechar el invento de Edison y sustituirlo por tecnología lumínica más eficiente. Los focos incandescentes, de seguro, dejarán de emplearse en el país definitivamente, aunque se desconoce el momento preciso.
La bombilla fue patentada
por Thomas Alva
Edison, pero antes
ya la habían trabajado
Henry Woodward y
Mathew Evans.
Otros que sentaron
las bases para crearla
fueron Nikola Tesla,
Humphry Davy, Joseph
Swan, William Sawyer, y
Heinrich Goebel.
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