La ejemplar Corea
Los surcoreanos son trabajadores
y transparentes. Por eso son una
potencia económica mundial.
Por Roberto
Villalobos Viato
Hace tan solo 60 años, Corea del Sur era un país sumido en la pobreza. Su ingreso per cápita —promedio ganado por una persona al año— era de US$67 en 1953. En esa misma época, el de Guatemala era de US$212.
Tan solo dos generaciones después los surcoreanos se convirtieron en la quinceava potencia económica mundial, según datos del Fondo Monetario Internacional (2011). Ningún otro país en el planeta los supera en la cantidad de barcos que fabrican ni tampoco en la exportación de monitores y microprocesadores. Es, además, uno de los más importantes inversores globales de la industria textil. “Somos un país dinámico, con tecnología de punta y con uno de los mejores niveles de vida”, dice Jeong Deok-rae, director en Guatemala de la Agencia de Promoción del Comercio y la Inversión de Corea (Kotra, en inglés).
¿Cómo lo logró? “Nosotros le llamamos El milagro del río Han. Ese afluente cruza Seúl, capital surcoreana”, comenta Choo Yeon-gon, recién nombrado embajador del país asiático en Guatemala. “El desarrollo se lo debemos al trabajo, la educación y la transparencia”, agrega el diplomático.
Hoy, los surcoreanos perciben en promedio US$31 mil anuales, contra los US$3 mil 188 de los guatemaltecos. Sin duda, el trabajo arduo y el empuje de estos ciudadanos asiáticos son un ejemplo a seguir.
El pueblo coreano
La República de Corea se encuentra en el extremo de una península. Tiene una superficie de 99 mil 617 kilómetros cuadrados —es poco más pequeña que Guatemala, que cuenta con 108 mil 889 kilómetros cuadrados — y apenas tiene recursos naturales para explotar.
En el siglo VII, los reinos baekje, koguryö y silla se unieron para formar Corea. A través del tiempo fue devastado por numerosas guerras, que incluyen invasiones de China y de Japón. En la década de 1950, su gente sufrió las consecuencias de la Guerra de Corea. En 1953 hubo un cese al fuego. Desde entonces la península está dividida en Norte y Sur. La Zona Desmilitarizada, la frontera entre ambas naciones, es la más fortificada del mundo, con alrededor de dos millones de soldados patrullando.
Aun con los conflictos y después de una serie de gobiernos autoritarios, los surcoreanos han avanzado. “Nos vemos como un pueblo dinámico, enérgico y trabajador”, afirma Choo.
Hoy destacan por sus modernos sistemas de transporte, arte, cine y música. En 1988, Corea del Sur fue anfitriona de los Juegos Olímpicos de Verano. En el 2002, junto a Japón, organizó la Copa Mundial de Futbol de la Fifa, y en el 2010 fue la primera nación asiática en albergar la cumbre del G20, que agrupa a los 20 países más industrializados y emergentes del planeta.
“Fuimos arrasados, pero eso nos dio ímpetu para construir desde cero”, asegura Kim Youg-ryull, director en Guatemala de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (Koica, en inglés).
Para lograr el desarrollo económico, Corea del Sur se apoyó en los planes patrocinados por su gobierno, que alentó el crecimiento de conglomerados industriales de propiedad familiar.
Samsung, LG y Hyundai son algunas de las firmas coreanas más reconocidas. La primera, por ejemplo, para 1938 se dedicaba a vender pescado seco y otros productos alimenticios. En 1947 empezó a fabricar cosméticos. Después de la guerra se aventuró en otras industrias, como los materiales plásticos, artículos para la salud, domésticos y electrónicos. “El coreano es emprendedor”, refiere Jeong.
El fundador de Hyundai, Chung Ju-yung, proviene de una familia campesina y transformó su pequeña empresa constructora de embarcaciones en una de las mayores compañías del planeta.
En la década de 1970, la cartera de inversiones de ese país asiático se diversificó aún más. En ese entonces incursionó en la industria pesada y en la textil. En los años 1980 ya era un fuerte competidor mundial en esos rubros. “En la mitad de esa década empezaron las primeras migraciones de surcoreanos a Guatemala, quienes instalaron muchas maquilas”, comenta Jeong.
¿Por qué Guatemala? “Tiene una ubicación geográfica privilegiada, pues está cerca para comercializar productos con EE. UU. Además, tiene mano de obra relativamente barata y bien capacitada”, indica el funcionario de Kotra.
Del 2004 al 2005 funcionaron en el país alrededor de 150 maquiladoras coreanas. Debido a la recesión mundial, ahora operan unas 80. Aun así, según la Comisión de la Industria de Vestuario y Textiles de Guatemala (Vestex), el capital coreano representa hasta el 80 por ciento de la industria textil. “Estas empresas mueven US$850 millones en exportaciones de ropa; el 90 por ciento se destina a EE. UU.”, señala Jeong.
Hoy las maquiladoras están exentas del impuesto sobre la renta. Este incentivo, sin embargo, terminará en el 2015. “Existe preocupación, porque no sabemos qué va a pasar a partir del 2016, pues las empresas coreanas podrían cerrar y mudarse a otro lugar, lo cual sería lamentable, pues eso causaría más desempleo e importantes pérdidas económicas para el país. De momento, Kotra y el Gobierno de Guatemala están en negociaciones, y creo que hay mucha voluntad para llegar a acuerdos favorables para ambas partes”, dice Jeong.
Empuje
Pero para llegar a esos altos niveles de vida y de comercio mundial, Corea del Sur necesitó mucha educación. “Los surcoreanos no son tacaños para eso. Los padres al principio vendieron sus tierras o sus vacas con tal de que sus hijos fueran a la escuela”, comenta Jincheol Choi, segundo secretario y cónsul de la Embajada de la República de Corea en Guatemala. Esa tradición educativa sigue vigente: su ciclo escolar tiene alrededor de 220 días, uno de los más largos del mundo.
Su crecimiento fue meteórico en la década de 1980. A la par de eso, no obstante, hubo una burbuja económica que explotó en 1997. Corea, de nuevo, se encontraba en bancarrota. El Fondo Monetario Internacional (FMI) intervino y prestó los US$58 mil millones que necesitaba para salir a flote.
¿Corea del Sur saldría de esa nueva crisis? “Somos gente solidaria y con ganas de superarnos. Nuestro pueblo es uno”, refiere el cónsul Choi. Eso lo demostraron en ese entonces: casi tres millones y medio de surcoreanos donaron joyas y 227 toneladas de oro para ayudar a sanar su endeble moneda. Así recaudaron alrededor de mil millones de dólares. Con eso demostraron su decisión para reconstruir su nación.
Su sed de éxito le permitió pagar al FMI el monto de la deuda tres años antes de su vencimiento y, para el 2004, había ingresado otra vez al club de las economías más grandes del mundo. Cinco años más tarde se convirtió en el noveno exportador mundial. Sus fuertes: la construcción de barcos, microproesadores, monitores, teléfonos celulares y autos. También es fuerte en la industria petroquímica, textil y siderúrgica.
Pero la industrialización también tiene un lado oscuro: su sociedad está enfrascada en el trabajo compulsivo; todo va de prisa.
Un maquilero coreano que vive en Guatemala desde hace casi 20 años afirma que eso chocó con los latinoamericanos. “Dicen que los primeros maquileros coreanos explotaban a sus trabajadores, a mí no me consta. Lo cierto es que mis compatriotas vinieron acá con su forma particular de trabajar, enfocándose. No se preocuparon por entender al guatemalteco. Allá en Corea del Sur todos corren para llegar temprano al trabajo. Aquí nadie se enoja por ser impuntual. Otra diferencia es que el coreano grita y regaña mucho. Eso chocó. Pero no es que quisiéramos pelear, porque nosotros, entre coreanos, también somos así. Es nuestra cultura. Nos exigimos demasiado. Somos muy competitivos”, cuenta. “Ahora nos hemos ‘guatemaltequizado’ un poco y somos un poco más flexibles, pero eso no es bueno para ser productivo”, cuenta, entre risas.
Esas diferencias fueron causantes del recelo de los surcoreanos con la sociedad guatemalteca. La inseguridad del país también ha causado conflictos.
Hoy existen varios negocios coreanos entre 32 y 37 avenidas y 1a. y 2a. calles, de la zona 7 de la capital. Ahí es normal que a un guatemalteco le digan que está cerrado o que “no hay nada”. “Antes asaltaban mucho a los coreanos; por ejemplo, nos iban a buscar a los restaurantes”, afirma el empresario.
El recelo y la privacidad, por eso, continúan hasta ahora. “Incentivamos a los coreanos a abrirse un poco más. Estamos en un país que nos ha dado la bienvenida, que es nuestro anfitrión y al cual agradecemos”, dice el embajador Choo.
“También es esencial que el país brinde más seguridad. Yo, por ejemplo, salgo de mi casa tranquilo a correr por la calle. Pero cuando me pongo saco y corbata me siento como un objetivo para que le roben”, revela un alto funcionario coreano.
“Espero que Guatemala pueda vivir en paz. Eso es primordial”, enfatiza Choo.
“Espero que Guatemala pueda vivir en paz”
El embajador de la República
de Corea en Guatemala, Choo
Yeon-gon —12 de julio de
1955—, es un hombre sonriente y
positivo. Bastante serio cuando lo
tiene que ser.
Es admirador de la riqueza cultural
de América Latina, aunque
también expresa el orgullo por sus
raíces coreanas.
Choo ha estado en diferentes misiones
diplomáticas, por Dinamarca,
Turquía, EE. UU., Colombia, El Salvador
y Guatemala. “En este país está
la gente que quiero. Me encanta
su clima, su gente y su colorido”,
dice.
Hace tan solo 60 años Corea del
Sur era más pobre que Guatemala.
¿Cómo logró ser una potencia
económica en poco tiempo?
La gente le llama El milagro del río
Han. El veloz desarrollo se logró a
través del trabajo conjunto, organización,
y por la ayuda de la cooperación
internacional, la cual se
empleó con transparencia.
Otro de los factores decisivos
fue que Corea invirtió mucho en la
educación. Los padres vendían sus
tierras, sus vacas o cualquiera de
sus bienes con tal de educar a sus
hijos. Esa tradición continúa hasta
ahora.
¿Cree que Guatemala podría llegar
a ser una potencia?
Todos los pueblos pueden hacerlo.
La República de Corea lo ha demostrado.
¿Cuáles son los aportes de Corea
del Sur a este país?
Compartimos nuestra experiencia
en desarrollo. Para ello trabajamos
con el Gobierno local para implementar
diversos proyectos, aunque
nos enfocamos en educación, seguridad,
salud y mejoramiento de los
recursos hídricos.
¿Qué le gusta de este país?
Su gente, porque que es muy simpática
y tiene mucho corazón, pese a
la violencia que vive. Tiene, además,
una rica herencia maya que atrae a
los extranjeros. También me gusta su
clima. No me puedo quejar.
¿Se siente seguro acá?
Estuve por primera vez en este
país entre 1984 y 1987, cuando había
problemas por la guerra interna. Recuerdo
que en ese tiempo aún se
podía caminar tranquilo. Ahora me
aconsejan no hacerlo solo. Lo lamento,
porque la seguridad es una condición
primordial para vivir. Espero
que pronto el pueblo guatemalteco
pueda estar en paz.
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