Solitarios versos
A sus 84 años
—cumplidos el 8
de septiembre
último— el poeta
Julio Fausto
Aguilera pasa sus
días en una casa
hogar, escribiendo
nuevos versos y
preguntando por
sus amigos.
SU FACETA MUSICAL es tan amplia como su vena de
escritor.
Foto Prensa Libre: SECIL DE LEÓN
CONCIENCIA Y ALEGRÍA
Quiero vivir, quiero vivir, amo la vida.
Quiero vivir un tiempo más sobre la tierra.
Vivir, amar, gozar con mi poesía
que va a la juventud,
va para todos.
Estoy en mi deber,
mi privilegio.
Soy Poeta
para esto vine al mundo
con un signo de Dios.
¡Jóvenes, aquí tienen mi mensaje!
¡Hombres, mujeres, todos,
mi poesía!
Por josÉ luis escobar
El pasillo y el patio de una casa en el Centro Histórico se convierten los fines de semana en una gran sala de conversación. Los huéspedes de este centro de cuidados geriátricos reciben la visita de parientes y amigos. Sus pláticas se elevan por los rincones de la residencia y se entremezclan con la programación de la radio, puesta como música ambiental.
En este entorno, Julio Fausto Aguilera —Jalapa, 8 de septiembre de 1928—, uno de los huéspedes recibe, por lo general a sus sobrinos y a algunos estudiantes que, enviados por su maestro, hacen al poeta recordar su juventud. Pero Julio Fausto desea saber qué ha sido de sus amigos junto a quienes construye la escena artística nacional, y particularmente la literaria, desde la década de 1940. “Entre muchos otros, quisiera ver a Julia Vela, Jorge Pellecer, Antonio Móbil, Margarita Carrera y Gisella Paz y Paz”, comenta el ganador del Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en el 2002.
El literato tiene presente su paso por el grupo Nuevo Signo, que a finales de la década de 1960 integró junto a Delia Quiñónez, Francisco Morales Santos, Luis Alfredo Arango, Roberto Obregón, Antonio Brañas y José Luis Villatoro. “Sé que ya fallecieron casi todos. Solo quedamos Delia, Francisco y yo. No sé que ha sido de ellos”, refiere.
Material inédito
Está estable y lúcido, pero a Julio Fausto le aquejan dolencias que hacen lento su andar, sin embargo, ninguna ha mermado sus recuerdos ni el impulso por crear. Casi no escribe, pero dicta versos a sus parientes.
“Mire, este es de junio de este año”, comenta acerca de Epitafio, dedicado a Monseñor Rodolfo Quezada Toruño (1932–2012). “Amó la paz / y por ella luchaba. / Amó a los pobres / y luchó por ellos. / Qué dolorosa lucha, / mas es cosa difícil / que un rico entre en el reino de Dios”. El texto es uno de varios inéditos. “En la Editorial Óscar de León Palacios hay un poemario completamente dedicado a Dios. Me agradaría verlo publicado pronto”, indica.
Antes de Nuevo Signo, de 1952 a 1954, Aguilera fue parte de otro colectivo poético, Sakerti. También escribió en El Imparcial acerca de literatura desde 1952 hasta el cierre del periódico, en 1985. Desde 1969 envía colaboraciones a un vespertino de la ciudad.
Julio Fausto Aguilera también es músico. Estudió en el Conservatorio Nacional. “Eran célebres las fiestas y las reuniones donde Julio Fausto hacía bailar a la concurrencia con magistral ejecución de diversos instrumentos”, señalan Brenda Aguilar y Secil de León, sus sobrinos (teléfono 5210-4009).
Medio siglo después
Al ser derrocado el presidente Árbenz Guzmán (1954) muchos compañeros de Aguilera se exiliaron. Él permaneció en el país y ocupó diferentes cargos de oficinista en juzgados, el Seguro Social, la Universidad Popular, la Municipalidad de Guatemala y en un bufete privado.
De 1957 el poeta guarda un recuerdo: “Trabajaba en el Organismo Judicial y el 26 de julio, a las 4 horas, fuimos a levantar el acta por la muerte del presidente Carlos Castillo Armas. Hicimos nuestro trabajo, pero no nos dejaron examinar el cadáver”.
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