Aguas de Río
Escondido
Este sitio marca el inicio
del corredor biológico
del bosque nuboso.

TODAS LAS CABAÑAS están construidas con el recurso
forestal de la reserva.
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Texto y fotos
josé luis escobar
La ruta hacia Cobán, Alta Verapaz, se caracteriza por diversos destinos ecoturísticos en el corredor biológico del bosque nuboso. En el kilómetro 144, en el inicio del corredor, se encuentra Río Escondido, en San Jerónimo, Baja Verapaz.
Esta reserva natural privada ofrece en su restaurante las comidas más cotizadas de la gastronomía verapacense, así como desayunos y cenas típicas. El precio promedio de los platos es de Q35, y los almuerzos oscilan entre Q40 y Q60.
La propiedad cuenta con 26 hectáreas y hay dos senderos para recorrer parte del terreno, la ruta más prolongada es de 800 metros. Los caminos corren paralelo a los ríos Las Flautas y San Isidro, que atraviesan el lugar. El primero es de agua templada y nace en Alta Verapaz, el segundo proviene de la Sierra de las Minas. “Son ríos de poca profundidad, aún cristalinos, y quienes se bañan en sus aguas perciben la diferencia de temperatura”, comenta Arturo Minero, gerente del ecohotel.
Desde el área pública se puede observar el punto donde ambos ríos se unen para formar el San Jerónimo, cuyas aguas irrigan las diferentes plantaciones de hortalizas del valle que lleva el mismo nombre. Este recurso hídrico alimenta también la hidroeléctrica ubicada en Matanzas, San Jerónimo.
Este último es el río que a los visitantes se aconseja recorrer. “Su fondo es arenoso y tiene partes con pequeñas rocas. Es recomendable utilizar un calzado adecuado”, agrega Minero. Sobre sus aguas hay un puente colgante techado que comunica la parte de los senderos con la pública: restaurante, salón social y áreas verdes. En el salón —antes el establo de la finca— se han organizado capacitaciones empresariales, retiros religiosos y eventos sociales. Últimamente han llegado grupos de yoga de la tercera edad.
Hospedaje
“Tenemos familiares e individuales”, afirma el gerente respecto del hospedaje. Las familiares llevan nombre de árboles: Los sauces, Los robles y Los encinos. Tienen capacidad hasta para siete personas. Dos de estas cuestan Q700 la noche, y la otra, Q800. Una sala, un desayunador, una refrigeradora y un deck hacen la diferencia de precio de Los sauces. Para los que no viajan en grupo hay dos cabañas que pueden ser ocupadas hasta por tres personas. El precio es de Q150 por cada una. Todas tienen vista al río y están construidas con maderas extraídas de la reserva.
“Se hizo de manera adecuada y con la asesoría de los ambientalistas”, explica Minero, quien refiere que antes de la recuperación de la masa boscosa, Río Escondido utilizó sus tierras para el cultivo de tomate y la producción de ganado lechero. “Toda el área que se ve desde las cabañas es un bosque joven”, agrega el gerente.
Aproximadamente cien árboles se utilizaron para construir las cabañas. El lugar apuesta ahora por la producción de huevos, la reforestación y la explotación controlada de madera, y aprovecha los programas de incentivo forestal del Instituto Nacional de Bosques.
Los contactos de la reserva son 5308-2440, 5708-9725 y ecorioescondido@yahoo.com.
Avistamiento de aves
El restaurante atiende de 7 a 20.30 horas. La parte abierta al público se puede recorrer hasta las 18 horas. Los que usan el restaurante pueden conocer el área por su consumo y quienes únicamente desean usar los senderos cancelan Q20 por ingreso. Los huéspedes pueden visitar la reserva en horas inhábiles, para disfrutar el principal atractivo: las aves del lugar.
“Hay 16 especies migratorias. La más avistada es el Chipe Cachete Amarillo (Dendroica chrysoparia). Es propia de Texas, Estados Unidos, y en invierno vuela a México y Centroamérica. Está en peligro de extinción”, dice Minero e indica que varios huéspedes, al irse, comparten la información de sus avistamientos. Entidades de protección de flora y fauna han hecho estudios y así es como han identificado 72 especies de aves y 364 de plantas propias de la región.
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