Semanario de Prensa Libre • No. 431 • 28 de octubre de 2012

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D frente

Edwin Enrique Oliva Morales
La labor del gerente inquieto
Supo convertir un evento inesperado en una oportunidad que le ha significado toda una trayectoria de éxito.


frente
“Los cambios constantes me han mantenido ocupado”.

Texto y fotos josÉ luis escobar

Con 18 años y recién graduado de perito contador, Edwin Oliva optó a una vacante para trabajar en una tienda de electrodomésticos. Era un cargo temporal, similar al que muchos jóvenes vacacionistas toman en los últimos meses del año. Al concluir su labor recibió una llamada telefónica de su superior, quien le ofreció empleo. A 38 años de esa oportunidad, Oliva continúa en la misma empresa en la que se inició como auxiliar de inventarios, y después de haber ocupado varios puestos llegó al actual: gerente general de La Curacao, que este mes celebra 65 años de presencia en la región.

“En las actividades de aniversario o de final de año, a los colaboradores —especialmente a los de primer ingreso en la empresa— les cuento la anécdota de mi trayectoria laboral y los invito a hacer carrera y a tener una meta y luchar por alcanzarla”, dice Oliva, quien tomó la Gerencia cuando la cadena contaba con 25 tiendas y 320 empleados. Diecisiete años después, son 107 tiendas —tanto de productos para el hogar como ópticas— y mil 650 colaboradores.

¿Desde qué año trabaja para esta cadena de tiendas?

Ingresé el 7 de noviembre de 1973. Fui contratado como empleado temporal para trabajar del 7 de noviembre al 31 de diciembre. Mi primera señal de éxito en esta empresa fue el Día de los Inocentes de ese año. Llamó mi jefe para proponerme un trabajo fijo. Lógicamente, acepté. Empecé a trabajar en la tienda ubicada en la Sexta Avenida y 13 calle de la zona 1. La primera de esta cadena, fundada en 1947.

¿Cuál fue su primer empleo?

Fui operador de cárdex, aunque inmediatamente me confirmaron en la plaza fija y vinieron nuevos retos. Ese trabajo, originalmente temporal, se convirtió en 38 años de trayectoria dentro de esta empresa. Tenía 18 años y acababa de graduarme de perito contador, en la Escuela de Ciencias Comerciales. Como todo joven inquieto busqué un trabajo, algo diferente para hacer esas vacaciones de fin de año. Lo que hacía era menor, comparado con la actividad que ahora tiene La Curacao. En esa época eran solo cinco tiendas en el país. Tres estaban en la capital, una en Escuintla y otra en Quetzaltenango.

¿Qué otros cargos ocupó?

Fui vendedor; cinco años después de mi ingreso fui gerente de tienda. y en 1978 inauguré la sucursal Montserrat. Considero que los primeros 20 años transcurrieron muy rápido, porque he tenido la suerte de estar constantemente en movimiento. Después de Montserrat estuve aproximadamente un año en Mazatenango, cuando recién acababa de abrir. Llegué por un período que se suponía sería breve, para cubrir unas vacaciones, pero me quedé un año. Estuve, además, en Escuintla desde 1979, donde viví casi una década. Posteriormente acepté, en 1987, volver a la Ciudad de Guatemala, como asistente en la Gerencia. En 1995 me nombraron gerente general.

¿En qué se sostiene su formación gerencial?

Desde el inicio he sido bastante inquieto. Siempre me ha gustado hacer cosas diferentes, y esto, lógicamente, fue algo que notó el gerente general de esa época, el holandés Mario van Blerk, a quien considero mi mentor. Él me enseñó los secretos del negocio. Además, he leído tres veces el libro El gerente como mentor, del consultor y escritor Chip R. Bell. Es una obra que enseña a trasladar los conocimientos a nuevas generaciones. En mi actividad diaria laboro estrechamente con un equipo local, a quienes comparto mis experiencias. Parte de la filosofía de La Curacao es que a los 65 años nos jubilamos. Ahora tengo 58, y formar sucesores es una de las solicitudes de la junta directiva del Grupo Unicomer, al cual pertenece la cadena de tiendas.

¿Cuánto tiempo laboró junto a Mario van Blerk?

Por 18 años trabajé bajo su gerencia. Don Mario fue quien me ofreció la oportunidad de volver a la capital y asistirlo, lo cual me abrió muchas puertas. En esa época teníamos 250 clientes activos a nivel mayoreo, y eso me permitió conocer mucho del mercado regional y trabajar con marcas muy reconocidas. En 1987 él se jubiló, y de Costa Rica vino un compatriota suyo a sustituirlo. Hay que recordar que la marca, cuando pertenecía a Ceteco, estaba en manos de holandeses, hasta que en el 2000 las operaciones en Centroamérica las adquirió la firma Unicomer. Continué asistiendo al nuevo gerente hasta que llegó lo que considero fue la oportunidad de mi vida.

¿Qué sucedió?

Era 1995 cuando renunció el gerente general para poner su propio negocio en Holanda. Había 35 coterráneos suyos capacitados para ocupar el cargo. Todos estaban ansiosos por la plaza que había quedado libre en Guatemala. Yo hablé con el presidente de Ceteco y viajé a Holanda para una evaluación, al ser tomada mi experiencia, tanto en ventas al menudeo como mayoreo y los vínculos comerciales que había logrado en la región centroamericana. Fue así como decidieron darme la oportunidad nombrándome en el cargo. Eso fue el 1 de julio de 1995. Son ya 17 de los casi 40 años que tengo de laborar.

Trabaja para una firma relacionada con los electrodomésticos. ¿Guarda alguna anécdota en su carrera, acerca de estos aparatos?

En esa rama de productos, la historia de La Curacao en Guatemala principia en 1947, pero la empresa operaba desde 1931, cuando se dedicaba al comercio hacia Europa de cultivos como café y cardamomo, a la vez que importaba fertilizantes químicos a América. En 1947, el gerente Guillermo Olyslager volvió de Holanda con un contenedor de radios accionados con pila seca. Fueron los primeros aparatos para el hogar que la tienda vendió con una novedad, el crédito, al poner a disposición del consumidor la facilidad de pagarlo a plazos. Los radios fueron un éxito. Recuerdo que en los años de 1980 importamos videograbadoras VHS de cuatro cabezas, cuando solo había de dos. Fuimos los primeros en ofrecerlas. Fue otro éxito rotundo.

Además de Centroamérica, trabaja para una firma con presencia en el Caribe. ¿Algún recuerdo al respecto?

A finales del 2006 viajé a República Dominicana y desde allá gerencié simultáneamente Guatemala. En la Isla arrancamos la marca de cero, y hoy ese país cuenta con 15 tiendas y ya tiene un gerente general.

Faltan siete años para su retiro. ¿Ha pensado en lo que hará?

Como dice, quedan aún siete años, si todo va bien y Dios lo permite. Tengo cuatro hijos, dos de ellos ya son profesionales y los otros aún estudian. Todavía no he pensado en mi retiro, pero será para disfrutar lo que he cosechado en la vida y gozarme a mis hijos y nietos. Aún no los tengo, pero espero verlos en un futuro cercano. Lo que sí he hablado con mis hijos es que tienen el reto de superar el éxito de su padre. Estoy leyendo El éxito no es casualidad, de Tommy Newberry, un libro que me ha emocionado bastante y se relaciona con lo que he desarrollado en 38 años de vida laboral.

¿Cuál es el mensaje de ese libro?

La perseverancia es clave para lograr lo que uno desea. Newberry explica que si uno quiere alcanzar el éxito en cualquier actividad, sea profesional, familiar o empresarial, tiene que ser perseverante, disciplinado, mantenerse despierto y perseguir el sueño que se tiene.

Tiene casi cuatro décadas de trayectoria laboral y casi la mitad como gerente. ¿Ha considerado escribir sus memorias o acerca de su experiencia profesional?

Lo he pensado en varias oportunidades, y amigos y familiares también lo han sugerido. Cada día lo considero más, y sí, quiero escribir un libro que sirva de guía y motivación para las nuevas generaciones. Sería en verdad para mí uno de los logros más grandes para culminar con mucho éxito un ciclo muy importante en mi vida, después de una larga trayectoria en una empresa como La Curacao.

¿Visualiza el título?

El secreto de mi éxito

¿Algún adelanto del libro?

Hoy la juventud quiere todo muy rápido. Los recién graduados quieren llegar a una empresa y comenzar como gerentes generales. Lo primero que les digo que hay que hacer para ser un buen líder es conocer, después saber delegar y, luego, saber supervisar, así como ser creativos en el desarrollo de una nueva oportunidad de negocio. Con esta base podrán ser grandes líderes, pero conociendo de antemano que tienen que invertir tiempo para conseguirlo. Este es el mensaje que con frecuencia doy a los empleados de Unicomer en Guatemala. En la compañía procuro ser amigo de los colaboradores y me gusta enfocarme especialmente en los jóvenes, que son la sangre que renovará y defenderá a la empresa en el futuro.

Regresemos a 1973. ¿Cuál era su plan “B” para esas vacaciones, si nunca lo hubieran empleado temporalmente?

Es una respuesta difícil de dar porque, aunque inquieto, tenía 18 años. En ese momento pensaba en trabajar para contar con dinero ese fin de año. No tenía planes específicos. Fue hasta que ingresé en La Curacao cuando empecé a fijarme metas, escalar puestos y en la autosuperación. A grandes rasgos, mi vida laboral ha transcurrido rápido porque aún recuerdo perfectamente cuando ingresé como empleado temporal. Los cambios constantes me han mantenido ocupado.


   

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