Los lustres
de don Cruz
Tiene 93 años y recorre algunos barrios
de las zonas 2 y 6.

DON CRUZ
CHOC nació en
1919, en San
Antonio Las
Flores, Chinautla.
Cumplió 93
años el mes
pasado.
Texto y fotos
josÉ luis escobar
Jueves. Es el primer día de los tres que a la semana trabaja don Cruz. “Salgo a las 6.30 horas o las 7, lo más tarde”, indica Cruz Choc, quien a sus 93 años aborda el autobús de la ruta 96, que lo conduce de Chinautla, de jueves a sábado, a los diferentes puntos de las zonas 2 y 6, en donde lustra zapatos.
“Él es un ejemplo para muchos jóvenes. Cuántos hay que prefieren robar o matar. Él es una gran persona, y los vecinos le tenemos mucho aprecio”, afirma Marta Palencia, quien vive en la 11 avenida A, barrio Moderno, y tiene un año de conocer a este peculiar limpiabotas.
Los pasos de Choc son lentos, también ha disminuido su capacidad auditiva y parece que ya no distingue los objetos lejanos. Mientras le limpia el calzado a Isabel Mejía, vecina de doña Marta, don Cruz relata parte de su vida a Revista D.
¿Recuerda en dónde nació?
En un lugarcito de San Antonio Las Flores, en Chinautla. Era un pueblecito formal. Tenía alcaldía y había escuelas para mujeres y varones. El lugar era muy bonito.
¿Aún vive en Chinautla?
Sí. Primero viví en la colonia Santa Luisa, que está pegada al mercado que se llama igual, pero el dueño vendió la casa. Ahora alquilo en La Joya Senahú. A una cuadra vive, Isabel, una de mis hijas. Ella me cuida, se da cuenta cuando salgo y lava mi ropa. Yo vivo solito en mi cuarto y hago mi comida.
¿Sale a lustrar todos los días?
Salgo de jueves a sábado. La primera zona que hago es la 2. Agarro del parque Isabel La Católica para abajo, hasta el mercado de La Parroquia. Los viernes camino de la iglesia La Parroquia, buscando la colonia Los Ángeles, zona 6. Y los sábados recorro la colonia Las Victorias, en la misma zona. Trato de terminar antes del mediodía y me voy de regreso.
¿Desde qué época lustra zapatos?
¡Ay Dios…! —exhala y luego ríe—. Este trabajo lo comencé desde patojo, cuando estuve en el Ejército. Lustrar ha sido mi afán. Recuerdo cuando me pagaban cinco centavos el lustre, aunque me daban 10, ahora pido Q3, pero gracias a Nuestro Señor Dios la gente me considera y a veces me da más. Del lustre pago el alquiler —Q250 mensuales— y mi comida.
¿Cuántos años fue soldado?
Siempre fui soldado. Yo terminé de estudiar la escuela en el Ejército. Tardé bastante en los cuarteles. En Matamoros estuve dos años; en la Guardia de Honor, otros dos, y en el Castillo de San José, tres. Imagínese, todavía existía ese fuerte. Recuerdo cuando se quemó. Gracias a Dios, me acababan de mandar a Escuintla cuando agarró fuego.
Eso ocurrió durante la Revolución del 20 de Octubre de 1944. ¿Recuerda alguna anécdota de Jorge Ubico?
Cuando él entregó la Presidencia, yo seguía en el Ejército. Estaba en Tiquisate. ¡Cómo se volvió todo cuando salió! Los comisionados eran malísimos. Eran malos porque así los tenía acostumbrados Ubico, pero al irse se acabaron esos comisionados. Ya no recuerdo cuánto tiempo más seguí en las filas, hace tantos años de eso, cuando todavía estaba potente. Después de eso me casé.
¿Qué edad tenía?
Ah… —medita—. Si comencé como a los 22 y la primera baja fue a los 32, más los años que hice en otros cuarteles la segunda vez, creo que como a los 35 salí, por ahí me casé. Tengo seis hijos. Los primeros tres con mi primera mujer, que se llamaba Catalina. Los otros, con Sandra.
Dos varones viven en la zona 18, una en el barrio San Antonio, y la otra, Sandra Isabel, en la misma colonia que yo.
Con Catalina viví casi 15 años y murió debido a una enfermedad. Sandra padecía de un cáncer en el estómago. No lo sabíamos cuando nos casamos y el matrimonio duró muy poco. Ella era de Zacapa. Cuando se lo diagnosticaron le dieron un mes de vida, y cabal, al cumplir el mes ya no se levantó y murió.
“¡Ay, qué montón de recuerdos! Hoy sí platiqué bastante”, dice don Cruz. “Aquí están sus zapatos”, le dice a Isabel Mejía, quien le recuerda preparar el dinero para el pasaje.
“Me voy porque ya van a ser las 12 y me cuesta mucho caminar”, comenta el anciano, quien demora casi una hora de la 11 avenida A, zona 2, a la parada del bus, enfrente de la iglesia La Parroquia, en la esquina de la calle Martí y la 15 avenida, zona 6.
No sale todos los
días porque se
marea. “Siento que
la cabeza me da vueltas.
Solo porque Dios es amoroso,
me da permiso para
andar en la calle. Cuando
llego a casa, descanso un
ratito. No salgo de domingo
a miércoles”.
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