Semanario de Prensa Libre • No.438 • 16 de diciembre de 2012

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Viaje por la Patagonia

La costa atlántica argentina tiene su paraíso natural en la Península de Valdés.

patagonia

Por Miguel Ángel Moreno

La gran biodiversidad que se congrega en esta península de la Patagonia, situada a mil 500 kilómetros al sur de Buenos Aires, incluye especies como la ballena franca austral, la orca, el pingüino de Magallanes, así como los elefantes y leones marinos.
La Península de Valdés ofrece un espacio ideal para la reproducción de los cetáceos en los golfos Nuevo y San José, protegidos de las corrientes marinas, y cuenta con la disponibilidad de alimentos, vinculada con el curso marino que llega a esas zonas de la costa patagónica.

Por ello, el visitante puede disfrutar de junio a diciembre del avistamiento de ballenas o divisar pingüinos entre septiembre y abril. Elefantes y lobos marinos se encuentran en la zona casi todo el año y se pueden observar orcas y algunas especies de delfines en el verano austral, entre diciembre y marzo.

En este amplio abanico de especies, la ballena franca austral es la más característica de la zona, un gran cetáceo que estuvo casi extinguido a finales del siglo XIX, pero cuyo crecimiento sostenido, a tasas del 5 por ciento anual, está originando incluso que la época de avistamiento se extienda.

“Hace 10 años las ballenas venían en septiembre y se iban en noviembre, ahora llegan ya desde julio. La explicación con más consenso es que al aumentar la población, las ballenas se van escalonando”, explica Guillermo Caille, experto de la Fundación Patagonia Natural.

Para ver a las más de cuatro mil ballenas que pasan cada temporada por la Península de Valdés, según datos del Instituto de Conservación de Ballenas, las principales agencias turísticas ofrecen al visitante una navegación por el golfo Nuevo, en el que tanto ballenas como crías se acercan y juguetean con las embarcaciones.
Aunque este turismo es el más masificado de la zona con embarcaciones que llegan a transportar hasta 70 turistas en cada viaje, se trata de un avistaje “de los más reglamentados del mundo”, afirman expertos como Alejandro Carribero, de la Fundación Ecocentro, con quien coincide Caille.

Junto a las ballenas, los pingüinos son otra de las principales atracciones de la península, donde existen varias “pingüineras”, las zonas donde establecen los nidos, aunque su hábitat principal se sitúa a unos 180 kilómetros más al sur, en Punta Tombo, por donde pasan un millón de ejemplares cada año.

Además de pingüinos y ballenas, grandes mamíferos como leones, lobos y elefantes marinos acuden cada año a la Península de Valdés, donde existe la mayor población del hemisferio sur de elefantes marinos, con más de 40 mil ejemplares cada año.

Crisis afecta

Este tipo de turismo, basado en el gusto por la naturaleza y una cierta tendencia a la aventura, es el más demandado en la zona, explica Liliana Romeo, de la Asociación de Agencias de Viajes de Puerto Madryn, la localidad más cercana a la Península de Valdés.

La crisis económica europea, sin embargo, ha marcado fuertemente a una región originada como un “destino internacional preponderante”, según Romeo, quien señala que solo franceses e italianos han acudido en el último año, cuando habitualmente tenían muchos más visitantes de otros países europeos, especialmente españoles.

Puerto Madryn, la ciudad más cercana a la Península de Valdés, recibe cada año más de 200 mil turistas, de los cuales cien mil vienen exclusivamente entre julio y diciembre para la temporada de ballenas, llegando el resto durante el verano austral, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Turismo local.

El cuidado del turismo, junto a la gran biodiversidad de la zona, convierte a este sector de la Patagonia argentina en uno de los lugares con mejores condiciones para contemplar el espectáculo de la naturaleza a pocos metros, algo que valoran también las instituciones de conservación como Fundación Patagonia Natural.

EFE/REPORTAJES.

 
   

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