Semanario de Prensa Libre • No.439 • 23 de diciembre de 2012

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D expresiones

Guillermo

Las pinturas de Rosa María

Esta artista empieza a producir en un momento en el que la pintura femenina era vista de reojo por los colectivos masculinos. Si encima la creadora venía de un estrato de alta formación, la entrada al circuito expositor de las grandes ligas se le hacía cuesta arriba por ser una “doñita que pintaba”.

Rosa María Pascual de Gámez se volcó hacia una iconografía eminentemente local, chapina para señalarla claramente, desde la que se ha venido proyectando los últimos treinta años que ha durado su actividad. Sus imágenes hacen claro el sincretismo cultural que la motiva y con el que rescata, junto a un colorido particular, una esencia que la mayoría de los artistas del siglo XXI han perdido: una identidad.

Por ello no sería justo si no se asienta que Pascual de Gámez ha encontrado en esos temas cotidianos (frutas, vasijas, textiles, escenas religiosas, joyas, juguetes, dulces, fragmentos arqueológicos, etc.), elementos que se deben sumar a lo producido dentro de la corriente mágico/realista aún sobrevivientes en su propia generación y que hoy se elevan como manifiesto objetivo que la honran especialmente.

El trayecto también la llevó por la senda de una pintura monumental muy particular y se trata de un muralismo religioso que ha reflejado en inmensos lienzos que ocupan un espacio especial dentro del imaginario espiritual del guatemalteco de provincia.

Prolija como pocos y fundamentada por una voluntad de hacer, Rosa María Pascual de Gámez es hoy por hoy la muralista más prolija que ha tenido el país. Sus creaciones recientes son una insinuación a entender a nuestros ancestros mayas y un recordatorio de que los “indios” que produjeron estas piezas ya no estaban en Guatemala cuando llegaron los españoles. Con ojos de exploradora nos abre un universo constituido por un legado que hoy le pertenece a la humanidad y del cual somos solo sus custodios.
guillermonsanto@yahoo.com


Poema

poema


Nacimiento

Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,
entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.


San Juan de la Cruz

Religioso y poeta del Renacimiento español (1542 –1591)


   

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