
Las pinturas
de Rosa María
Esta artista empieza a producir en un
momento en el que la pintura femenina
era vista de reojo por los
colectivos masculinos. Si encima la
creadora venía de un estrato de alta formación,
la entrada al circuito expositor de
las grandes ligas se le hacía cuesta arriba
por ser una “doñita que pintaba”.
Rosa María Pascual de Gámez se volcó
hacia una iconografía eminentemente local,
chapina para señalarla claramente, desde la
que se ha venido proyectando los últimos
treinta años que ha durado su actividad. Sus
imágenes hacen claro el sincretismo cultural
que la motiva y con el que rescata, junto a
un colorido particular, una esencia que la
mayoría de los artistas del siglo XXI han
perdido: una identidad.
Por ello no sería justo si no se asienta que
Pascual de Gámez ha encontrado en esos
temas cotidianos (frutas, vasijas, textiles, escenas
religiosas, joyas, juguetes, dulces,
fragmentos arqueológicos, etc.), elementos
que se deben sumar a lo producido dentro
de la corriente mágico/realista aún sobrevivientes
en su propia generación y que hoy
se elevan como manifiesto objetivo que la
honran especialmente.
El trayecto también la llevó por la senda
de una pintura monumental muy particular
y se trata de un muralismo religioso que ha
reflejado en inmensos lienzos que ocupan un
espacio especial dentro del imaginario espiritual
del guatemalteco de provincia.
Prolija como pocos y fundamentada por
una voluntad de hacer, Rosa María Pascual
de Gámez es hoy por hoy la muralista más
prolija que ha tenido el país. Sus creaciones
recientes son una insinuación a entender a
nuestros ancestros mayas y un recordatorio
de que los “indios” que produjeron estas
piezas ya no estaban en Guatemala cuando
llegaron los españoles. Con ojos de exploradora
nos abre un universo constituido por
un legado que hoy le pertenece a la humanidad
y del cual somos solo sus custodios.
guillermonsanto@yahoo.com
Poema

Nacimiento
Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,
entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.
San Juan de la Cruz
Religioso y poeta del Renacimiento español (1542 –1591)
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