Semanario de Prensa Libre • No.439 • 23 de diciembre de 2012

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D reportaje central

Literatura epistolar

Correspondencia de Brañas, Cardoza y Aragón, Arévalo Bermejo y Asturias hablan de lejanas navidades.

reportaje central

Por josÉ luis escobar


En la Navidad parisina de 1949, Luis Cardoza y Aragón escribió al poeta César Brañas: “Querido César: Un año más juntos sobre la tierra. Nuestros pasos resuenan en Antigua, bajo la misma arcada. Aquí va mi recuerdo y mi deseo por tu ventura, lejanísimo, César, vecinísimo y siempre querido. Buen año 1950. Te abraza. Luis”.

Las cartas, como dice el escritor español Claudio Guillén, especialista en Literatura Comparada, pueden asumir características literarias y llegar a ser leídas y apreciadas como literatura. Pueden también, agrega, ser componentes de géneros literarios tan fundamentales y respetables como la comedia o la novela. “Vale decir que la relación entre correspondencia epistolar y géneros literarios puede muy bien confundirse con lo que diferencia y une la literatura y la vida”.

Al parafrasear a Aristóteles, Guillén enfatiza que “la carta, como el diálogo, tiene que concordar con el carácter. Podría decirse que cada uno dibuja en sus cartas una imagen de su personalidad” y que “el estilo de una carta debería ser una mezcla de dos estilos, el elegante y el sencillo”.

En relación con este mismo punto, el texto que acompaña al libro Literatura epistolar (Conaculta. México, 1999) que hace las veces de buzón, con cartas, entre otros, de Baudelaire, Van Gogh, Goethe, Mozart, Nietzsche o Dostoievsky, se lee: “Dar a conocer la correspondencia privada de personajes es una actividad tan antigua como el cristianismo. Recordemos las cartas de los apóstoles que consigna el Nuevo Testamento”.

Entre guatemaltecos

Fragmentos de tres libros de Editorial Universitaria sustentan la mayor parte del presente trabajo, que se complementa con textos de Revista Horizonte, editada en las décadas de 1950 y 1960. Estas publicaciones perfilan, como dice Guillén —en este caso— a escritores y políticos nacionales.

La celebración de Navidad y Año Nuevo es la línea que rige la selección de las cartas. No son felicitaciones de la época, hablan más bien de los temas que, por ejemplo, conciernen a un expresidente de Guatemala radicado en Sudamérica y que no por ello pierde el interés por la política del país.

Se lee también a un poeta (Luis Cardoza y Aragón) en total sintonía con el exmandatario (Juan José Arévalo Bermejo), así como a otros literatos —César Brañas y Miguel Ángel Asturias— abordando asuntos editoriales o, como se explaya en el caso de Brañas—acerca de sentimientos encontrados ante las fiestas decembrinas.

Las misivas se complementan con las descripciones que dos visitantes hicieron de las costumbres navideñas del país. Su aporte radica en la época de sus escritos, los cuales datan de los siglos XVII y XIX.

Feliz Navidad

“Diciembre. En nuestro país, pequeña zona tropical, es un mes frío, quizás el más frío del año, pero al mismo tiempo, el más esperado por sus festividades, especialmente por la Navidad”, escribió la poeta Isabel de los Ángeles Ruano en la sección a su cargo Juventud y Letras, en la revista No. 134 de la Unión Central de Pilotos Automovilistas de Guatemala. Al retomar sus palabras, redactadas en diciembre de 1963, le extendemos también a usted —lector— un saludo navideño. Disfrute de la lectura y de estas festividades.

 

Montevideo, 20 de diciembre 1958

¿Bochornoso, verdad? Tu carta del 22 de agosto ha estado esperando esta oportunidad de respuesta. En cambio, cumplí inmediatamente tus encargos para Carlos Quijano. Le llevé, en tu nombre, Guatemala, las líneas de su mano, le llevé el discurso tuyo, de homenaje a Cuadernos Americanos, que se publicó inmediatamente (te envié dos ejemplares). Le pregunté si se acordaba de ti, y se echó a reír. “¿Cómo voy a olvidarlo?”, me dijo. “Conservo todavía un libro que me obsequió en París, sobre Una Nueva Edad Media”.

Pronto voy a enviarte un bello libro publicado aquí en estos días, donde se reproducen varios párrafos de tus libros, otros de Miguel Ángel Asturias y otros míos. Es un libro de Lecturas Geográficas para muchachos de segunda enseñanza, pero está preparado con mucha altura y una gran simpatía por nuestra Guatemala. Y ahora una molestia especial: hazme el favor de pedirle a don Vicente Sáenz las señas postales de Juan José Meza, en Caracas, porque ME URGE comunicarme con él. Sin necesidad de escribirme carta alguna todavía, mete ese papel en un sobre envíamelo a mi nuevo domicilio: Divina Comedia 1520, Carrasco, Montevideo. No te olvides que me llamo José Bermejo. Esta carta llegará en los momentos en que ustedes, PEQUEÑOS-BURGUESES, se preparan para las fiestas de papá Noel, o Christmas, o el Tío Pascuero: quiero concurrir con mi afectuoso saludo para Lía y para ti, para el profesor Silva Herzog y para cuanto amigo de Guatemala llegue a tu casa esa noche. Y, por si no es bastante: nuevas felicitaciones para la noche de Año Nuevo.

Juan José Arévalo

Correspondencia entre el expresidente de Guatemala y el escritor Luis Cardoza y Aragón. Carta tomada del libro Correspondencia de exilio. Luis Cardoza y Aragón, Juan José Arévalo (1950-1967) Editorial Universitaria.





Ciudad de México, 1 de enero, 1959

Querido Juan José:

¡Feliz año! Recibo tu carta del 20 de diciembre. No te preocupes de retardos en respuestas. El diálogo sigue aún con silencio o demoras. No te olvido, pero no siempre hay algo interesante que contar.

¡Qué charla deshilvanada! En fin, charlar contigo un poco de todo, aprisa, como en las breves cartas. Sobre todo, deseaba saludarte de año nuevo y desearte felicidades a ti y a todos los tuyos. Espero que pronto podamos hacer de la hacienda una república independiente y nos veamos allá. ¡Qué idiotamente se perdió Guatemala! Me pedías la dirección de Juan José Meza. Es: 5a. avenida y 9a. calle Los Palos Grandes. Quinta Giraluna. Caracas (me la dio Vicente Sáenz. Allí me encontré a Raúl Osegueda, quien me dijo que te escribiría largo con notas acerca de la conversación con Alfonso Solórzano. Así quedará menos trunca esta carta).

Me dará gusto recibir las Lecturas Geográficas de que hablas.

Gracias

Un abrazo de tu viejo amigo de siempre

Luis Cardoza y Aragón


Poeta guatemalteco. Tomado también de Correspondencia
de exilio. Luis Cardoza y
Aragón, Juan José Arévalo (1950-1967)
Editorial Universitaria.





Navidad de ilusión

Señora:

Hace tiempo, una noche cualquiera, una bella noche, usted me preguntó:
¿Cuál ha sido su mejor nochebuena?

Su curiosidad halagüeña sólo encontró la respuesta que dictaba mi galantería, un poco inhábil y ruborosa como de costumbre: vieja galantería de un dejo subterráneo de melancolía, de perfume anticuado:

—Esta de hoy, señora…

No era la noche pascual; pero había en el cielo ya ensombrecido una resplandeciente noche de diciembre, y en los ojos de usted estaban prendidas estrellas decembrinas, estrellas innumerables en palpitación de pecho de mujer: todo el sortilegio de este mes que tiene el ímpetu y el cansancio de la última ola de un mar de tiempo circunscripto en el calendario, cuya playa rumorosa abandonamos para siempre.

Sonrió a mi homenaje, valorándolo, entre secretamente halagada y graciosamente incrédula, mujer perfecta, perfecta mujer. Pero no sé si adivinó tras mis palabras ligeras palpitar una sombra y remover una amargura. Era cierto, y no solo gentil cortesanía a la amiga, señora: podía decirlo yo sin mengua de mi sinceridad, porque de las nochebuenas que he vivido ¿cuál por ventura me dejó un recuerdo amable? Ahondo en vano en la fosa común del pasado, sin calar reliquia alguna. Hago memoria, y me veo viviendo de nuevo ¡qué he de saber yo cuántas navidades! En la ciudad nativa, en el campo de vacaciones, en la capital capciosa, en el extranjero errante: ora niño sin hogar concreto, ora adolescente soñador, ora trabajador juvenil a quien sorprendía la medianoche gloriosa concluyendo la facha trashumante en los júbilos ajenos, entre las multitudes festivas cuyo idioma no comprendía apenas, y cuya emoción no me impregnaba, errando sin rumbo, casi con una cobarde lágrima a flor de los ojos, hasta que venía a absorberla, compadecida y amante, la aurora del día siguiente, portadora de la esperanza de la infiel esperanza.

¿Le he dicho entera esta tragedia? Una tragedia paradójica ¿puedo decirlo? para mí gozosa y en la cual me regalo. Esta tragedia la adivina usted: tiene un nombre de mujeres, triste e incierto. Soledad. Eso ha sido. Yo no conocí el encanto pueril y hogareño de las navidades que alboroza a los niños y riega cándidos manantiales de ternura y optimismo en el áspero corazón de los hombres. Alguna vez cumplí con el deber social de poner cara alegre, ¡cara de pascuas! Para que en el coro de alegrías en que incidentalmente se insertaba mi presencia, no disonase mi actitud, mi silencio o mi descontento. Pero mi corazón estaba lejos. Yo no he comprendido esta dicha que no me roza sino con sus estridencias, que no halaga la flor siquiera de mi egoísmo. ¡Es tan cruel esta sensación que proporciona, de sentirse más solo, más ausente, más extranjero! ¡Y luego, el espectáculo de la farsa enorme y esplendorosa que rodea a la nochebuena, las explosiones de vanidad que provoca, y los inmensos estratos de miseria y de dolor, de social injusticia y de colectiva tontería que me pone al descubierto y remece en su propia sacudida!
Llámeme mal cristiano por no henchirme de falso gozo en esta hora, y llámeme mal patriota por no adoptar entusiasmos ficticios en la fiesta cívica: a mi garganta no sube grito alguno y mis ojos permanecen impermeables a la contagiosa emoción circundante. ¡Qué le vamos a hacer!

Pero me excedo en espacio, en sensiblería, y en alzar el tono plañidero, familia de pobres pecados. Presumo que echo a perder un bello momento de su espíritu. ¡Cuánto mejor fuera, bajo este delirio estelar de diciembre —bajo las estrellas del cielo y junto a las estrellas cautivas de sus ojos— hacer el recuento de sus mejores nochebuenas con la misma deleitable morosidad con que se haría un recuento de poemas o de joyeles, de estrellas o de amores.

Desde luego, tan dulce tarea daría nueva verdad y nueva vida a la voz galante y cordial que renovaría la lisonja inofensiva: la mejor nochebuena para mí, señora, sería ésta que pasara a su lado, que sería una especia de tiempo libérrimo que nadie osaría engarzar en la disciplina carcelaria de los calendarios…

Una navidad de ilusión
Le besa las manos.

César Brañas

Poeta antigüeño (1899-1976). Revista Horizonte publicó en diciembre de 1967 este texto, como una carta recuperada de Brañas, fechada en 1936, a la cual tituló originalmente Navidades desoladas.





Guatemala, 16 de diciembre de 1969

Querido y admirado Miguel Ángel:

Van de vuelta, ya impresos, y ojalá sin demasiadas faltas y sin el decoro que hubiera querido darles “en mi página”, que usted tanto honra con sus letras y que ahora la ha favorecido especialmente con este regalo, los hermosos y sugestivos Sonetos de Mallorca. Fue tanto el gusto de recibirlos y el de leer su donairosa introducción, que me hizo quebrantar por esta vez la norma que sigo de evitar la mención de mi nombre en el radio que me es posible: ¿Cómo evitar ésta suya tan grata a más de honrosa? No soy un santo. ¡Muchas gracias!

Tengo un rumorcillo confidencial, no divulgado hasta hoy, de que vendrán al fin a esta su tierra. Esa decisión me indicaría, como lo deseo de veras, que se halla en perfecta salud y que su digna señora esposa no guarda muy mal recuerdo, lo cual también deseo, de acá.

Un anticipado saludo de pascuas, un cordial abrazo de año nuevo, mi agradecimiento, y los mejores votos por su salud y la alegría de los dos magníficos amigos. Afectísimo,

César Brañas

El poeta se dirige al Nobel de Literatura
Miguel Ángel Asturias, radicado en Francia.
Misiva tomada del libro Fragmentos de una correspondencia: Brañas y Asturias (1929-1973), de Editorial Universitaria.



Entre 1625 y 1636 fray Tomás Gage, de origen inglés, visitó Guatemala. El dominico anotó sus impresiones acerca de las tradiciones navideñas guatemaltecas. Su textos son las primeras crónicas de las celebraciones decembrinas.
“También celebran con mucha devoción la noche buena o Navidad y las Pascuas que le siguen; para esto construyen antes, en un rincón de la iglesia, una cabaña pequeña cubierta de paja en forma de establo que ellos llaman Belén, con una estrella cuya cola llega hasta el lugar donde están los tres magos de Oriente. En este establo hay un pesebre con un niño de madera dentro pintado y dorado, representando a Jesús recién nacido. A un lado de él la Virgen y San José del otro, completando el cuadro un asno y un buey que también están a los lados”, escribió el fraile.
Gage agregó: “Se ven allí representados los campos con manadas de ovejas y cabras alrededor de la casilla que representa el establo. Hay muchas figuras de ángeles con velos, laúdes y arpas en las manos, lo que atrae una infinidad de indígenas a la iglesia”.

El diplomático estadounidense John L. Stephes estuvo en Guatemala entre finales de 1839 a principios de 1840. Fue uno de los iniciadores de las investigaciones arqueológicas en el área maya. Acerca de los nacimientos, escribió: “Siempre en esta época del año cada casa en Guatemala tiene sus nacimientos, de acuerdo con la riqueza y el gusto del propietario, y en tiempos de paz, la imagen del Salvador es adornada con las joyas de la familia, perlas y piedras preciosas y, por las noche, todas las casas están abiertas y los habitantes, sin ser conocidos ni invitados, y sin distinción de rango ni persona, van de casa en casa visitando. La semana del nacimiento es la más alegre del año”.
También relata que la noche del 24 de diciembre se celebraba un baile en las casas y que concluía un poco antes de la medianoche, cuando todos se marchaban a oír misa de gallo.

Fuente: Tradiciones navideñas de Guatemala, de Luis Luján Muñoz (Serviprensa, 1981).





   

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