El medio tiempo más largo del futbol

El 16 de marzo se detuvo el deporte en el país. Ha sido una pausa interminable, como la que se vivió cuando la Fifa lo suspendió.

La suspensión del deporte parece haber puesto concreto a los balones de futbol, como lo hiciera el artista Juan Maurilio Mendoza, quien en su momento creó esculturas con clavos, hierros y otros objetos que hoy hasta parecieran una profecía de forma semejante a la del coronavirus.

Las butacas están vacías, hay un ambiente diferente algo desolador en el estadio Doroteo Guamuch Flores. Solo se escucha el murmullo de los jugadores y algunos gritos de indicaciones de los entrenadores.

El reloj marca las 18 horas, y suena el silbato del árbitro Wálter López para finalizar el Clásico 312 que ganó Comunicaciones por 3-0; el gol definitivo lo marcó el contención Jorge Aparicio. Ese 15 de marzo fue el último día en que rodó el balón en el césped del coloso de la zona 5.

En los camerinos había ambientes diferentes. Del lado blanco todo era alegría, se tomaban fotos y selfies. Mauricio Tapia, el entrenador argentino de Comunicaciones, estaba feliz, todo le salió a la perfección, pero había algo que le decía que partir de ese día todo sería diferente.

Había tomado la decisión de no concentrar a sus jugadores porque temía a ese virus que se escuchaba con más fuerza en Europa, pero que un día antes se anunciaba el primer caso en el país.
Ese domingo no hubo almuerzo de grupo ni pláticas y reuniones, hizo que sus futbolistas llegaran solos en sus carros; no podían compartir automóvil. Tenían que mantener la distancia necesaria.

Los jugadores salieron al campo con cierto miedo, pero con el transcurrir del cronómetro se habían olvidado del nuevo coronavirus.

“Nos vemos el martes, muchachos”, les dijo Tapia a sus jugadores, pero ese martes ya no llegó. La planificación para jugar la jornada 14 nunca se terminó. Mauricio Tapia, el entrenador argentino de Comunicaciones

Mientras que en el camerino rojo, no había bromas ni charlas, al contrario uno que otro cruce de palabras entre los futbolistas. Ese Clásico lo habían perdido “feo”, es de esas sensaciones que te dejan impotente en el campo.

No hubo palabras de despedida, además muchos de los futbolistas del argentino Sebastián Bini se presentarían el lunes 16 a la concentración de la Selección Nacional.
Sin embargo, al día siguiente llegarían al Manuel Felipe Carrera para recoger algunos implementos como pesas para trabajar en la casa.

Un año esperado

Por las determinaciones del Gobierno ese lunes 16 de marzo se cancelaron todas las actividades deportivas. La convocatoria para el trabajo de preparación de la Bicolor solo se quedó en un papel, porque al Centro de Alto Rendimiento (CAR) ya no se presentó nadie.

“El 2020 lo teníamos en mente, sabíamos que sería un año fundamental. Regresaremos con más ilusiones”Ricardo Jerez, portero de la Bicolor

Guatemala jugaría el clasificatorio a la Copa Oro —diez días después— y arrancaría el camino rumbo al Mundial de Qatar 2022 —septiembre—. “Todo se derrumbó”, dijo el entrenador Amarini Villatoro.

El estratega nacional tenía esa gana de revancha después de haber perdido el partido de preparación frente a Panamá —0-2—, porque quería demostrar que su proyecto es bueno y que cuenta con jugadores determinantes. Pero su peor enemigo no fue el rival en turno sino la pandemia.

Los conos, las camisolas, el hidratante, todo se quedó en la bodega, a la espera de una nueva señal. Villatoro continúa con su agenda, confía que pronto volverá a escuchar las risas y bromas de sus futbolistas. Lo cierto es que se vive una incertidumbre, porque todavía no se conoce ni cómo ni cuándo será el formato para la Copa Oro y Qatar 2022.

La pandemia ha sido aliada

Cada futbolista ha sufrido estos meses de distinta forma; para algunos fue alejarse de la banca que sentía que les estaba quitando la oportunidad de jugar; para otros ha significado que llegarán en las mismas condiciones que sus compañeros porque las lesiones los tenían alejados y el regreso está cerca.

Otros pudieron encontrar un equipo que les abriera las puertas y una ilusión de ser protagonistas. Cada uno lleva su cruz de distinta forma, lo cierto es que la mayoría extraña “el olor a campo, a gramilla”, ese que solo el que ha estado frente a la alfombra verde lo comprenderá.

Para los estrategas como Tapia todo sigue siendo una incógnita. “No creo que volvamos pronto”, decía en marzo. Ahora lo único que puede hacer es planificar la nueva temporada y encargarle a su preparador físico que visite a los futbolistas, para que el golpe cuando vuelva no sea tan duro y que se cuiden el peso y la condición física.

Con la mochila hecha

En mayo del 2019 José Manuel Contreras era suspendido por un analítico adverso. La sanción un año. Ese 16 de marzo era el día más esperado porque podía volver a entrenar con sus compañeros de Comunicaciones.

“Los entrenamientos se suspendieron hasta nuevo aviso”, le dijeron en un mensaje.

La mochila estaba preparada, tenía los tenis y zapatos de futbol, podría volver a tocar el balón con sus compañeros, esos amigos que estuvieron con él durante más de diez meses fuera del terreno de juego.

“Dios sabe por qué pasan las cosas”, decía tratando de animarse. En el calendario tenía apuntado el 16 de mayo como el día que estaba habilitado para jugar. Si el covid-19 no hubiese aparecido, ese día jugaría la semifinal de vuelta, pero el destino no quiso que eso pasara.José Manuel Contreras

El torneo lo cancelaron y mientras algunos futbolistas se organizaban con aparatos para poder trabajar en casa, él ya tenía un mini gimnasio para regresar listo al terreno de juego.

“Ya no soporto más esta espera”, dice un jugador. “No es lo mismo correr y hacer gimnasio, que estar en el campo”, asegura, mientras contempla un balón.

El cronómetro parece que no volverá a encenderse. El tiempo se detuvo ese día en el Doroteo Guamuch Flores y las condiciones sanitarias en el país no dan tregua para que los jugadores vuelvan al campo, ese lugar al que pertenecen, mientras los aficionados se consuelan escuchando día a día como se conforman los equipos para la próxima temporada.

Solo queda consolarse con el futbol europeo y añorar que se escuche de nuevo el himno nacional, con la mano pegada al pecho y que el pitazo inicial de por terminado el medio tiempo más largo del futbol.

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