La economía se contagió en las primeras semanas

Pese a que se autorizaron subsidios y bonos, la gasolina en empresas y hogares se empezó a agotar antes de los cien días.

En cien días, las actividades que son el motor de la economía han cambiado drásticamente y el impacto del coronavirus vino a generar un precedente que los guatemaltecos todavía están experimentando.

Las decisiones que se adoptaron desde marzo para evitar los contagios han alterado lo que, hasta ese mes, daban señales de un aparato productivo robusto.

A medida que pasaban las semanas, se cuantifican los estragos causados por la pandemia, no solo en términos de contagios y de vidas en Guatemala, sino también a la economía nacional.

De hecho, en la tercera entrega del Estudio Exploratorio del Comportamiento de los Guatemaltecos hacia el Coronavirus, se reveló que solo tres de cada 10 familias devengan el mismo ingreso que en marzo pasado, y esa merma se concentra, en su mayoría, entre el 25% y el 50% de sus ingresos regulares.

Primeras alertas

El 11 de febrero, casi un mes antes del primer caso de covid-19 confirmado en el país, se suspendieron los embarques con materias primas o bienes terminados que se importan desde la República Popular de China —la segunda economía mundial— por la vía marítima y aérea a Guatemala, y desde allí se registraba un presagio de lo que podría venir.

El 9 de marzo, en una reunión del Gabinete Económico en Casa Presidencial, el vicepresidente César Guillermo Castillo Reyes, aseguraba que “era evidente” que el covid-19 impactaría de manera negativa a la economía y a las finanzas.

Pero los efectos reales comenzaron a regir en la segunda quincena de marzo, con las disposiciones del presidente Alejandro Giammattei de suspender las actividades públicas y privadas, el servicio del transporte masivo urbano y extraurbano, las actividades educativas, la atención en los comercios, restaurantes, centros comerciales u otras actividades que concentran personas.

La implementación de un toque de queda, y la prohibición de aquellas actividades consideradas como no esenciales.

Uno de los golpes más duros fue la suspensión de actividades en el Aeropuerto Internacional La Aurora, y la prohibición del ingreso de personas de otros países, afectando a la industria del turismo con la cancelación de los viajes.

Una encuesta efectuada por Asíes, AsíEstrategias y la Cámara de Turismo de Guatemala (Camtur) del 5 al 11 de mayo del 2020, arrojaba que seis de cada 10 hoteles estaban cerrados para finales de marzo y ocho de cada 10 dijo que estaría cerrado a finales de abril. Ese pronóstico se cumplió, ya que en los datos recabados en mayo, se reporta que solo dos de cada 10 hoteles están abiertos. Y los pocos establecimientos de hospedaje que lograron operar, lo hicieron solo con alrededor de 5% a 10% de su capacidad y su planilla.

Pánico en las compras

En marzo también se prohibieron las actividades religiosas por Semana Santa, temporada en la cual existe un alto movimiento económico por el desplazamiento de personas por todo el país.
Por dos semanas, hubo un confinamiento estricto, que prácticamente paralizó todas las actividades.

La demanda de combustible se vino a pique y las ventas de combustibles cayeron un 40%, según la Asociación Guatemalteca de Expendedores de Gasolina (Ageg). La proyección fue que la venta bajó un millón de galones diarios en abril, por ese cierre.

El pánico invadió también a los consumidores quienes apresuradamente salieron a buscar a los centros de autoservicio y mercados el abastecimiento de alimentos frescos y procesados para almacenar.

En abril, el gasto de los hogares aumentó un 16%, comparado con el mismo mes de 2019, y las categorías que más crecieron fueron cloro (9%), leche condensada (37%) y atún (24%), según el último análisis la firma Kantar.

Mientras los representantes de la Cámara de Industria de Guatemala (CIG), mandaban mensajes de calma, asegurando un suficiente abastecimiento para cubrir la demanda.
Algunas medidas obligatorias se flexibilizaron por el primer mes. La SAT prorrogó los vencimientos de impuesto de marzo para abril; el IGSS, el Irtra y el Intecap acordaron diferir las cuotas para las empresas por un período de tres meses.

Y la Junta Monetaria, estableció que personas y empresas que pudieran demostrar que el coronavirus afectó sus ingresos, podrían renegociar préstamos y deudas con las entidades financieras.

Obligatorio cambio en la dieta
El confinamiento también obligó el cambio de dieta en los hogares guatemaltecos, y algunos productos de la canasta básica registraron incrementos.

El precio del quintal del frijol se incrementó 11% luego de las medidas restrictivas, que cobraron vigencia el pasado 16 de marzo. Se trata de uno de los productos alimenticios que aumentó su demanda.

Según la FAO, en los hogares del área rural se dejó de consumir frijol, y lo sustituyeron por hierbas y maíz, mientras en los poblados y áreas urbanas la dieta es frijol, huevos y arroz, que es lo más fácil de conseguir en el mercado.

Efecto en ventas

El 23 de marzo hubo una demanda inusual de dólares por la misma incertidumbre que llevó la divisa a cotizarse en Q8.15 por US$1, pero semanas después volvió a la tasa normal de Q7.70.

La falta de entradas en las empresas por la pérdida de ventas fue la principal consecuencia que reportan los empresarios por la emergencia del coronavirus, según encuesta del Cacif. El 45% de los empresarios reportó una caída de su facturación.

El sorpresivo toque de queda total del 15 al 18 de mayo por 72 horas —con una prolongación para el fin de semana siguiente— fue uno de los principales choques que afectó desde el productor agrícola hasta la gran industria.

El Banco de Guatemala (Banguat) oficializó que la producción ya no crecería lo esperado, y podría ubicarse en un -0.5%. Sin embargo, en junio el Banco Mundial pronosticó que la economía guatemalteca podría retroceder un 3% este año.

Y, como si no fuera suficiente, a los efectos del confinamiento hubo que sumar los estragos que hizo en siete departamentos la tormenta Amanda, y un cierre regional al transporte terrestre, por medidas unilaterales aplicadas por Costa Rica que originó pérdidas por Q53 millones semanales.

Por U. Gamarro, R. M. Bolaños, N. Gándara y P. Ozaeta

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