El Tzitzimite

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Se le conoce como Tzipitío, Tzipe, Sombrerón o Duende. La palabra tzi viene del quiché y se traduce como perro. Aunque podría provenir del náhuatl tzitzimitle que significa demonio.

El Tzitzimite es “un hombrecito muy pequeñito, vestido de negro, con un gran cinturón muy brillante. Tiene un sombrero negro, pequeño también, y unas botas con tacones que hacen ruidito”.

A este personaje le gusta “subirse a los caballos y hacerles nudos en la cola y en las crines. Estos nudos, que son así de menuditos, ‘cuesta un bigote’ deshacerlos’”. Al Tzitzimite también le agrada perseguir y molestar a las mujeres de pelo largo y ojos grandes.

Cuando le gusta alguna muchacha, no la deja ni a sol ni a sombra: se le aparece en las noches cuando está dormida, y después de haberle enredado el pelo, le baila y le canta con su guitarra. También se le aparece a las horas de comida y le echa tierra en el plato. No la deja comer, por lo que la joven mujer se va adelgazando.

De acuerdo con la idea popular, el Tzizimite tiene la altura de un dedo de la mano y cabe escondido en la almohada. Es un espíritu juguetón y doméstico. Su sombrero es tan grande que tiene que arrastrarlo, recorriendo a la hora del crepúsculo ciudades y campos. Cuando encuentra a la mujer de sus amores, amarra sus mulas al primer poste que encuentra, descuelga su guitarra que lleva al hombro y empieza a cantar y bailar.

En la tradición indígena este personaje también está arraigado. Tzitzimite es una figura de primer orden en la cosmogonía indígena, puesto que con ese nombre se conoce al brujo indígena.

“El Sombrerón era el personaje favorito de Lara. Él decía que su mayor frustración había sido nunca haberse encontrado con alguno de estos seres sobrenaturales, a quienes los hacía ver más humanos porque sufren como se lee en la leyenda Las lágrimas del Sombrerón”, asevera Molina.

“Confieso que la leyenda del Tzizimite es, en mi opinión, la que tiene mayor poesía popular, y que es el personaje más fascinante de la tradición oral de la ciudad de Guatemala”, escribió Lara en Leyendas y casos de la tradición oral en la Ciudad de Guatemala.

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