La Llorona y la Siguanaba

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Se mueven en un ambiente nocturno, lleno de misterio. Ambas gustan de los lugares donde hay agua y son seres etéreos que vagan solitarios.

La diferencia fundamental entre ambos espíritus radica en el color de sus vestiduras. La Siguanaba sale vestida de blanco, en tanto que La Llorona, de negro; la primera se baña o se peina en los tanques con intenciones de perder a los hombres, y la segunda, busca entre las aguas a su hijo fallecido.

El nombre de Siguanaba se deriva de tziguán, que significa barranco en quiché. “Mi tío contaba que no le gustaba hacer lo que sus papás le decían. Se iba a sentar cerca de un barranco, donde había un bosque. Allí dice que le salió La Llorona y lo llamaba y lo llamaba y él entre más rato pasaba no podía caminar. Le contó a sus papás lo que le había pasado, pero ellos le dijeron que era por no obedecerlos”, es el extracto de una leyenda recopilada en Viejas leyendas de Guatemala vueltas a contar (1980). La Siguanaba se hace seguir por los hombres y luego de una larga persecusión, los pierde en algún barranco. No muestra la cara, pero lo hace cuando ya se ha “ganado” al hombre quien se perturba al ver que es de caballo.

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